Afundación, diez años de montaña rusa

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“La Sabina”, del escultor canario Martín Chirino, preside el vestíbulo de la sede en Ferrol de AFundación, más de diez años después de su inauguración (el 29 y 30 de abril de 2005). Las ondulantes melenas que pintaba Picasso y los añosos árboles de El Hierro, que resisten al viento plegándose a formas imposibles, inspiraron al autor una pieza clave en su trayectoria, que está ligada a la ciudad y que simboliza quizá el devenir de la propia fundación en los últimos años. Después de crisis, fusiones, cambios de nombre, ventas y polémicas a elegir, allí sigue “La Sabina” y allí sigue el edificio que una vez José Luis Méndez, en un día lluvioso, y cuando aun era el director general con el que todos querían sacarse la foto, comparó con los palacios venecianos reflejándose en el agua. 
AFundación (Fundación Caixa Galicia) celebra estos días su décimo aniversario muy alejada de los fastos de entonces. En abril de 2005 la inauguración fue una fiesta que nadie se perdió. Primero, las fuerzas vivas. Al día siguiente, los ferrolanos por cientos, disfrutando del espectáculo de Comediants y de las exposiciones. Para empezar, Antoni Tàpies. El propio Chirino, Miquel Navarro, Sorolla, Keith Haring, obras de Picasso y de Dalí, colaboraciones con el Museo de San Petersburgo (Kandinsky y Malevich) o con el IVAM valenciano fueron habituales en los primeros tiempos, en los que también su auditorio era imprescindible para cualquier presentación, conferencia, premio (como el añorado Esquío de poesía) o concierto. Muchas de estas actividades han desaparecido o permanecen latentes esperando vientos más favorables. A la ciudad, desde hace diez años, le ha pasado por encima una apisonadora. Pero de los fuegos de entonces quedan brillos tan emocionantes como la “Sabina”. Y el espectáculo continúa.
La música seguía sonando ayer, de la excelente mano del Grupo de Metales Santa Cecilia, en un concierto didáctico. Una exposición de Isidoro Brocos, ciclos de cine, actividades para escolares o visitas guiadas a la antigua cárcel ahora llena de luz viven el presente de una discreta fiesta de cumpleaños.

Afundación, diez años de montaña rusa