Reportaje | De Ferrol a Senegal en busca de la eliminación de barreras y estereotipos

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Crear un espacio de encuentro y que la gente de Senegal conozca la cultura occidental y viceversa. Esa es la idea con la que nació y crece cada día la asociación sin ánimo de lucro “Hahatay. Son risas de Gandiol” y de la que forma parte la ferrolana Laura Feal.


Aunque estudió periodismo, el mundo del cooperativismo se cruzó en su camino en 2006 a raíz de la oferta de unas becas destinadas a jóvenes cooperantes. Feal consiguió una para irse a Argelia y, tras estar seis años trabajando en diferentes sitios, una ONG de España sacó un puesto en Senegal en 2012 y decidió lanzarse a la aventura. Allí conoció al que hoy en día es su marido, Mamadou Dia, fundador de Hahatay en el pueblo de Gandiol, por lo que decidió instalarse allí y comenzar a organizar más el proyecto.


La idea nace a raíz de la propia experiencia de Mamadou, quien hace once años decidió dejar su casa para “embarcarse” en un cayuco hasta llegar a Murcia. Cuando llegó, una de las primeras cosas que hizo fue escribir el libro “3052. Persiguiendo un sueño” para contar su experiencia. Con las ventas de este libro, que todavía hoy continúan financiando gran parte de las actividades que realiza Hahatay, decidió poner en marcha este pequeño gran oasis de colaboración.


Unas de las principales actividades con las que cuenta la entidad son los campamentos de verano –también los tienen en invierno aunque este año no los podrán organizar– con los que pretenden realizar un laboratorio de participación comunitaria en donde personas de diferentes culturas comparten actividades y espacios de reflexión con la idea de romper estereotipos.


“Para eso organizamos tres tipos de actividades: uno es siempre una acción comunitaria, otra es el campamento infantil de actividades de ocio y tiempo libre con los niños y la otra el espacio intercultural, que nació a raíz de las curiosidades de las anteriores ediciones sobre temas relacionados con la mujer, el medio ambiente, la pesca... A través de charlas y visitas se tratan esos temas con gente de allí para que se conozca que no solo hay una manera de ver las cosas”, comenta Feal.


La mayoría de los que participan en estos campamentos son españoles, debido a que es el país donde Hahatay tiene mayor difusión a través de su página web y en la de Facebook, además de ser el lugar donde Mamadou realiza charlas en centros educativos y de otras asociaciones para animar a la gente a conocer su proyecto. Pero la actividad también cuenta con participantes de toda Europa e incluso de otras partes del mundo como Brasil o Chile, debido al poder de internet.


Los participantes, a parte de pagar su vuelo y el seguro de viaje, aportan 525 euros por quincena para cubrir desplazamientos, alojamiento, manutención y todas las actividades que se realicen durante la estancia y para financiar la acción comunitaria que la asociación realiza cada año. “Hicimos un aula de preescolar durante tres ediciones con botellas de plástico recicladas y también reformamos un sitio donde las mujeres transformaban el pescado. Y este año acondicionamos el centro de salud del pueblo”, explica la ferrolana.


Tener la mente abierta es algo fundamental a la hora de embarcarse en un proyecto como este, aunque las sorpresas siempre son inevitables. “Se debate mucho qué es ser pobre, qué es el desarrollo... y la verdad que está muy bien para desmitificar en los dos sentidos. La gente cuando va tiene muchos prejuicios y allí cambian de opinión y ven la realidad desde otro punto de vista al que le habían contado o se había imaginado. Y también para la gente de allí, que no siempre tiene la posibilidad de salir, se desmitifica el hecho de que toda la gente blanca tenga dinero o sea de una cierta manera. Al fin y al cabo somos todos iguales”, sentencia.
Hasta el momento Hahatay no cuenta con una sede como tal, pero a partir del próximo año dispondrán de un centro cultural tras su inauguración el 30 de diciembre. En él, a parte de realizar formaciones y actividades culturales, Hatatay pretende crear un punto de atención a las migraciones para transmitir el mensaje de que “todo el mundo tiene derecho a irse pero no de cualquier manera y para intentar que los jóvenes vean el potencial que hay en su entorno”, destaca Feal.


Aunque pasa un par de meses al en Ferrol, la cooperante lo tiene claro: “estoy muy contenta aquí cuando vengo pero tengo mi vida y mi familia allí. Me gustaría hacer más vida a caballo entre ambos lugares pero estoy contenta con el equilibrio”, asegura. Comenta además que, a pesar de los esfuerzos y de la buena acogida en Senegal, “en un proceso de migración, no dejas de ser la extranjera, supongo que la sensación que viven también ellos aquí, pero es un continuo aprendizaje y no puedo estar más contenta”.

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