miércoles 21.08.2019

¡Viva el 8 de Marzo!

Ciento once años después de la huelga de las trabajadoras textiles de Nueva York, en protesta por sus condiciones de trabajo, que dio origen a la institucionalización del Día Internacional de la Mujer por decisión de las Naciones Unidas, cobra fuerza, más que nunca, la conciencia de género en todo el mundo. Estamos ante el despertar de una sociedad civil globalizada y reivindicativa capaz, incluso, de destapar las vergüenzas ocultas desde hace demasiado tiempo.

Que otra cosa son sino el movimiento norteamericano “Me Too”, yo también, capaz de denunciar abusos de género en EEUU y, a continuación, extenderse a un amplio abanico de países por todo el planeta. O el peculiar vía crucis que vive la iglesia católica por las denuncias diarias de abusos a menores dentro de las paredes de los conventos, hasta ahora acalladas pero ya imposibles de controlar, capaces de doblegar a la curia que, ahora, empieza a aceptar someter el derecho divino al poder judicial de los estados democráticos. Pero, todavía, queda mucho por conquistar.

Al movimiento feminista le restan, todavía, muchas batallas que librar para lograr la plena igualdad de los derechos del hombre y los de la mujer, pues hay suficientes frentes abiertos donde actuar. 

El primero, en el propio ámbito del hogar donde los estereotipos de género están muy encasillados. 

Luego, la brecha salarial, el paro y las condiciones en el ámbito laboral; la impronta sexista en el mundo de la comunicación y la publicidad; o la desigualdad de género en el mundo de la religión, especialmente, en nuestros más próximos, el cristianismo y el islam; y en las redes sociales, que alumbran un nuevo machismo entre los más jóvenes sometiendo a sus parejas a un control paranoico de su vida diaria, desafortunadamente.

Por suerte, cada vez son más los que aceptan con normalidad, por ejemplo, que sus jefes sean mujeres o  reparten las tareas domésticas. Son pasos adelante. Pero, también, hay pasos atrás como el anuncio del Partido Popular de retirar su participación en la marcha de la mujeres del día 8 alegando su politización y partidismo, obviando que, con este proceder, los conservadores anteponen su propio interés político y muestran un sectarismo impropio de una fuerza política democrática que debería respetar las celebraciones institucionales internacionales, como es esta.

En fin, mi reconocimiento a todas las mujeres que lucharon para que hoy seamos cada vez más conscientes de erradicar la desigualdad de género.

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¡Viva el 8 de Marzo!
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