domingo 29.03.2020

Ganivet y nosotros

Ganivet escribió en 1896: “En Inglaterra la carne es una cuestión de estado”
 

Ganivet escribió en 1896: “En Inglaterra la carne es una cuestión de Estado”, frase que hace referencia no a ningún gobierno sino al Estado, a un concepto de nación. Es decir, hay según que cosas que no están sometidas a los vaivenes de los gobiernos o de algún partido político. El Estado cuida al ciudadano por ser inglés, no por pertenecer a un partido político. Aquí podríamos decir que la carne es cuestión de los partidos políticos. La carne es sinónimo de todo lo que es comunitario, lo que cohesiona a un país, de lo que hay que estar orgullosos. Pero a nosotros nos van más las riñas pasionales, no acabar nunca el Estado, tenerlo siempre de una manera provisional, para así poder seguir prometiendo, acusando. 
Lo que nos gusta es que gobierno y Estado representen lo mismo, se confundan. Que el gobierno influya en el Estado y si es en todo el Estado mejor. No de otra forma se comprende que la noción de ciudadano o conciudadano esté en este país tan controvertida o si se quiere ignorada. Es por eso que hay personas que quieren o se resisten a que el Estado deje de ser confesional. Para ellos todavía la carne no se ha hecho hombre, siguen envueltos en una mística de tiempos pasados.
En esta concepción mística del Estado ocupa un lugar destacado el nuevo diablo, Venezuela, todo menos convertir en carne nuestros problemas. Resolver lo nuestro que no es ni más ni menos, ese asalto a lo público al que asistimos durante estos años, es decir a lo de todos, a nuestra carne. Ganivet continúa con una apreciación que parece tan moderna como asombrosa: “Y parece que estamos condenados a padecer eternamente bajo el poder de los hombres decorativos”. Y continúa como si fuera un pensador de esta crisis: “era natural que al quedarnos arruinados desapareciera la especie, pero según hemos visto, no ha hecho más que transformarse”. Pero no se ha transformado, seguimos levitando a unos metros del suelo, sin encontrar nuestra carne si no es  a costa del otro, de demonizarlo, nunca de convencerlo.
 

Ganivet y nosotros
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