domingo 29.03.2020

Los bancos

Me gusta fotografiar bancos vacíos en medio

Me gusta fotografiar bancos vacíos en medio de un camino, de una ciudad, de una carretera que se supone que va a algún lado. Me gusta porque alguien ha pensado en el caminante, en el paseante cansado y los puso allí, separados unos cuantos metros, para que se sienten a descansar, a conversar. El que los pensó tiene algo de poeta y de amor a los demás. Luego el paso del tiempo los vuelve más solitarios, enmohecidos a veces, pero siempre sosegados, esperando a alguien, una confidencia, un cobijo. El banco no tiene sentido sin personas, está unido a nosotros, nos recuerda continuamente el descanso, la parada, la reflexión, la mirada. El banco te aparta de la vida durante unos instantes y te reubica. De vez en cuando aparecen pintados, conservados como síntoma de que alguien vela por nosotros y que el mundo se puede detener y eso siempre es una esperanza para la vista, los oídos, el tacto y los olores. Los bancos colaboran con los sentidos. Los bancos son antisistema porque permiten sentarse sin tomar nada, sin cobrar aparcamiento.

Los bancos
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