• Miércoles, 19 de Septiembre de 2018

Sobre el valor de contrastar

Nadia Nerea es una niña de once años que padece tricotiodistrofia.

Nadia Nerea es una niña de once años que padece tricotiodistrofia. Es una rara enfermedad genética y su padre lleva años lanzando campañas para recaudar dinero, en busca de una milagrosa curación. Hasta aquí nada fuera de lo común, lo que haría cualquier padre por su hijo. Sin embargo, muchas veces no todo es tan sencillo y ahora ha estallado una polémica que pone en duda, cuando no niega categóricamente, las afirmaciones realizadas por Fernando Blanco, que además se enfrenta a una investigación de los Mossos d’Esquadra por un posible delito de estafa.
La historia arrancaba con un artículo en el diario El Mundo. Fernando Blanco contaba ahí su particular odisea, con viaje incluido a un Afganistán en guerra. Allí encontraría escondido en una cueva a uno de los especialistas que conformarían un dream team de investigadores dirigidos por un prestigioso genetista, Edward Brown, ganador del Premio Nobel de Medicina. Casi parece un argumento para una película de ciencia ficción, en la que se incluiría además una operación para resetear el cerebro de su hija, mediante la introducción de material genético modificado a través de tres agujeros practicados en su nuca. La solidaridad de muchos personajes públicos no se hizo esperar, con una campaña destinada a buscar los fondos necesarios.
El relato despertó la simpatía de buena parte de los españoles, que rascándose sus bolsillos lograrían reunir en un tiempo record 140.000 euros para esta peligrosa y experimental operación. Pero también levantó el recelo de varios periodistas. Puestos a investigar descubrieron que no existía tal Premio Nobel de Medicina, que nadie había oído nunca hablar de esa operación y que la enfermedad, si bien grave, tampoco era tan extrema como contaba Blanco. El resultado ha sido la retractación pública del periodista y un anuncio del padre de Andrea de que devolvería el dinero a quien se lo pidiera, pero sin acabar de reconocer que parte de su relato era ficción y cual realidad. Entre medias, la indignación de buena parte de la gente que donó, mucho o poco, para la causa y el lamento de otras asociaciones de pacientes con enfermedades raras que temen que ahora su labor se pueda ver empañada. Y por cierto, el perfil de Facebook desde dónde Blanco afirmaba que devolvería lo recaudado, unas horas después del anuncio había desaparecido del mapa.