• Lunes, 24 de Septiembre de 2018

Posverdades peligrosas

La posverdad ha pasado de ser un tema periférico a convertirse en el centro

La posverdad ha pasado de ser un tema periférico a convertirse en el centro de muchos debates en los últimos años. Significa que ya no importa si un hecho es cierto o falso. 
Lo que importa es la sensación que la audiencia tiene de ese hecho. El uso que algunos políticos han hecho de ella, como Trump para ganar la presidencia en los EEUU o Nigel Farage durante el Brexit, ha hecho que pase a convertirse en un tema de especial preocupación. Y en el caso de la ciencia, la posverdad también está haciendo mella. 
El último ejemplo lo tenemos muy cerca, aquí mismo en España. En 1990 se prohibió la venta de leche que no hubiera sido esterilizado o pasteurizada. El motivo de esta prohibición eran los grandes riesgos que este consumo tenía para la salud humana por la posibilidad de contagio de diversas enfermedades. 
Ahora, el gobierno catalán acaba de aprobar un decreto para autorizarla nuevamente. Y no es que haya una nueva evidencia que demuestre que este consumo ya no es peligroso. 
Lo que hay es una opinión popular según la cual pasteurizar la leche le resta valor nutritivo y podría estar detrás de la intolerancia o las alergias a la lactosa. Una opinión que no está respaldada por ninguna evidencia científica, como si están documentados sin embargo los riesgos que este consumo supone.
Los enormes cambios tecnológicos que estamos viviendo, con el desarrollo exponencial de las redes sociales, está cambiando el paradigma de la comunicación. 
Hemos dejado de ser solo receptores de información para convertirnos en emisores también, aunque muchos de estos emisores no están capacitados. 
Tampoco juega a nuestro favor el hecho de la sensación que muchos tienen de ser incapaces de identificar una noticia falsa. 
En el último Eurobarómetro los españoles éramos los europeos que menos capaces nos sentíamos a la hora de discernir cuando una noticia era cierta o no. 
Esta desinformación general sumada a una creciente crisis de confianza en la ciencia nos está llevando a un escenario nada halagüeño. 
Muchos países ya están lidiando con las consecuencias de la bajada de las tasas de vacunación y ahora veremos que acaba pasando en Cataluña con la leche cruda. Ante este panorama, los científicos han de ser conscientes de la importancia que tienen para la divulgación. El espacio que no ocupen ellos, será usurpado por charlatanes que sembrarán estas posverdades.