• Miércoles, 26 de Septiembre de 2018

Balanza de riesgos

Hasta hace no mucho tiempo la viruela se cobraba la vida de muchas personas año tras año.

Hasta hace no mucho tiempo la viruela se cobraba la vida de muchas personas año tras año. Una gran campaña de vacunación liderada por la Organización Mundial de la Salud lograba en 1980 declararla erradicada. Era la primera vez que la acción del hombre le ganaba la partida a una enfermedad. Y por el momento la única. No se ha logrado repetir esta hazaña a pesar de invertirse mucho dinero en otras vacunas muy eficaces.
Una de las enfermedades que a punto estuvo de ser vencida fue el sarampión. Se ha desarrollado una vacuna muy eficaz, pero juega en contra el elevado grado de contagiosidad que tiene, que hace necesaria una tasa de vacunación cercana al 95 por ciento para conseguir que no se propague. Y ahora que en muchos países esta cayendo esta tasa, vemos como el fuego del sarampión se reaviva de unos rescoldos que creíamos casi apagados.
Hasta que se descubrió su vacuna, allá por el año 1963, cada 2 o 3 años se producían grandes epidemias que llegaban a cobrarse la vida de más de dos millones de personas en todo el mundo. Entre el año 2000 y el 2015 se lograba reducir en un 79 por ciento esta enfermedad. Sin embargo, desde el 2017 se han incrementado en un 400 por ciento los casos de sarampión y las muertes aparejadas. Y lo más grave es que esto no sucede en países pobres, donde la precariedad de sus sistemas sanitarios hace imposible llegar a toda la población. Hoy en día es más peligroso viajar a Francia que a Gambia en lo que respecta al sarampión.
Muchos padres deciden no vacunar a sus hijos escudándose en que es un derecho individual. Sin embargo, obvian que esta decisión acarrea consecuencias que afectan a toda la colectividad. Sin ir más lejos hace poco se ha dado el caso de una joven trasplantada que moría por complicaciones derivadas del sarampión. En su caso no era posible administrarle la vacuna, pero una tasa más alta en su comunidad le hubiera evitado el contagio.
Es cierto que la vacuna conlleva ciertos riesgos. Nada en salud supone un riesgo cero. Pero es que la enfermedad lo es más. Lo que pasa es que nos hemos olvidado de sus peligros mientras que hemos agrandado de forma exagerada las adversidades de la vacuna. 
Estas solo suponen un riesgo grave entre 4 y 10 casos de cada millón. El sarampión en cambio puede llegar a suponer la muerte entre un 3 y un 6 por ciento de los casos, es decir entre 300 y 600 personas por millón.