lunes 18.11.2019

Música y superstición

Leía casualmente entre las páginas de “lecer” de la revista Xeada, un trabajo firmado por un alumno de 3º de la E.S.O, Xacobo Insua Mariño
 

Leía casualmente entre las páginas de “lecer” de la revista Xeada, un trabajo firmado por un alumno de 3º de la E.S.O, Xacobo Insua Mariño, que despertó mi curiosidad. Su título: “A maldición do número trece”. Claramente nos habla de la antigua superstición tan arraigada en nuestra cultura que asocia a este número con una fatídica mala suerte, relacionando después la fecha del mal agüero con la vida de Richard Wagner, que parece estar más que asociada a este número, naciendo en un año acabado en 13, resultando la suma de las letras de su nombre y apellido 13, componiendo 13 óperas y falleciendo también un día 13. Indagando un poco más sobre este oscuro mundo de creencias contrarias a la razón, averiguo cómo en la historia de la gran música existe espacio para más de estos fenómenos. Por ejemplo, se dice que entre los compositores ninguno ha sido más supersticioso que Mozart, que dudó en aceptar el encargo de su Requiem puesto que temía que esto atrajera su propia muerte- como así fue, ya que falleció poco después sin haber terminado su obra-. Parece también que Arnold Schoemberg padecía de “triscadecafobia” (enfermedad que produce el pánico al citado número trece) naciendo y muriendo en día 13 y a los 76 años (7+6=13). Beethoven, Schubert, Bruckner y Dvorak murieron justo o durante la composición de sus novenas sinfonías. Mahler, intentando vencer esta maldición, cuando llegó a su novena la tituló Canción de la Tierra. A pesar de ello escribió la décima, a la que nombró novena y murió al poco tiempo de hacerlo. Algo que hace que los músicos- no todos, claro está- le tengan miedo a sus sinfonías nº 9, intentando no llegar a ellas. Son estos sucesos que carecen de evidencia científica alguna, debiendo a lo mejor buscar su explicación en antiguos y desterrados saberes como la alquimia, la magia o la astrología. ¿Nos lo creeremos?... Yo, por si acaso, prefiero quedarme con el silencio que relata Dylan Thomas en su Retrato del artista, un “silencio por el que pasan… multitud de ángeles! ”
 

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