viernes 4/12/20

La Real Filharmonía

La Real Filharmonía de Galicia en colaboración con la Sociedad Filarmónica presentó el viernes en el Auditorio un concierto de sobresaliente presencia femenina, tanto por la participación al frente de la orquesta de la joven directora polaca Marzena Diakun, formada en la Academia de Música Karol Lipiríski de Wroclaw y en la Universidad de Música y Artes Escénicas de Viena cuya brillante trayectoria la llevó a conducir grandes orquestas europeas, americanas y asiáticas como la Filarmónica de Liverpool, la Ópera de Göteborg, la Sinfónica de Estambul… y esta vez al debut con nuestra emblemática orquesta, como por la incorporación en el repertorio de la obra “Impromptu” de la rusa de origen tártaro Sofiya Gabaidúlina (1931), una de las creadoras más destacadas del S. XX encuadrada en lo que se dio a llamar “minimalismo sacro”, término utilizado para reunir los trabajos de un grupo de compositores que desarrollan su obra en un marco simplificado y con un distintivo carácter religioso y espiritual, regresando en cierto modo al lirismo de etapas anteriores. Bajo el título “Arañas y otros insectos” sonaron primero los compases de la única sinfonía escrita por el impresionista Claude Debussy (1826-1918), la Sinfonía en Si, una obra de juventud perdida y olvidada –el propio compositor le mostró siempre su absoluto desapego– orquestada por Tony Finno, capaz de “enfatizar las influencias rusas de esta música”, todavía ajena a las innovaciones que marcan la obra del compositor francés que llegará a afirmar: “Mis reglas son aquellas que me gustan” –refiriéndose a la “práctica común” del universo armónico–. Una obra de gran lirismo que precedió al citado Impromptu en el que actuaron como solistas el concertino James Dahlgren y el flautista principal Laurent Blaiteau. Sonidos que emprenden un viaje hacia profundidades, introduciéndonos en una visión mística en la que encontramos motivos del pasado incorporados a una personalísima e innovadora expresión tratada magistralmente. Fue etiquetada la música de Gabaidúlina de “irresponsable”, en la que parece generalizada incomprensión ante los artistas capaces de ofrecer un lenguaje nuevo o propio –también ocurrió esto con Debussy y su impresionista visión musical considerada por algunos como “un peligro para el arte”–. “No hay ocupación más importante que la recomposición de la integridad espiritual a través de la composición musical”, afirma Sofiya Gabaidúlina, la mujer que supo hacer de su música un acto de fe compartida con maestros como Dmitri Shostakóvich, del que recibirá apoyo o de la mediática Anne-Sophie Mutter, que prodigó su concierto para violín por las mejores salas de Europa. Creadores que expresan a través de la música su propia esencia, como es el caso del también incomprendido Roussel (1869- 1937) del que escuchamos El Festín de la Araña, una suite orquestal que procede del admirable ballet en el que se narran las peripecias de la vida de los insectos: Una araña teje su tela en el rincón de un jardín mientras que las hormigas, abejorros, langostas… siguen su actividad febril. La mariposa celebra el esplendor del día de verano, pero pronto perece en la tela fatal. Los insectos se rebelan contra la araña y llevan a efímera hasta el sepulcro mientras que una mosca describe, en el aire, sus voladores y caprichosos círculos. Música altamente descriptiva y revestida también de una gran nobleza. Tan solo treinta personas pudieron disfrutar del magnífico concierto para el que pronto se agotaron las entradas y es que el público está deseoso de poder escuchar en vivo más y mejor música.

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