lunes 26.08.2019

¡Socorro!, nos invaden

Es el grito que llevó  a miles de ciudadanos de allá abajo a ceder su voto. ¡Nos obligan a comulgar con sus culturas!, repetían. Y les creyeron. Nadie recordó que eso del “viernes negro” es una imposición que nos invade, como Papá Noel, el pantalón de campana o el pollo frito, la fiesta de Acción de Gracias, Halloween  y un amplio etcétera que aburre de repetido, que nos trae ¡el día de Acción de Gracias! que exportan los yanquis. 

 ¿A quién coño le damos aquí las gracias? ¿A esos graciosos de las banderas imperiales? Es obligatorio descubrirlos por higiene democrática y porque a cierta edad las trolas son como las pedradas. Ya se encargó el Consejo General del Poder Judicial de “levantarles” una de sus trolas más infames y las estadísticas desmienten esa “invasión de migrantes” a las puertas de los hospitales. 

Así que nos “roban” el trabajo, ¡eh! Una “coña” que circula por internet es el mejor antídoto para   desmontarlo: “Soy un español, muy español, y no quiero emplear a migrantes. Mándenme su gente a cuatrocientos euros al mes por diez o doce horas de trabajo al día! 

La verdad de toda esta histeria es que mientras en Europa la extrema derecha tenía nombre, aquí estaba emboscada en el Partido Popular, que no puede olvidar sus orígenes, sus antiguos jefes, su concomitancia con los restos del franquismo que pululan por ahí, por mucho que echen a volar la gaviota o lo que sea ahora ese bicho que Mariano Rajoy quiso rebautizar, pero que se le ve la patita. 

Las “cuentas” de los que se dedican a “vaticinar” el pasado –o sea, a opinar de lo que sucedió, añadiendo que ellos tenían razón– aseguran que un 46 por ciento de los votos recibidos por esos que usted sabe pertenecían al Partido Popular. Más claro, agua.

De ahí las declaraciones de Pablo Casado, los gestos de sus cargos más conocidos –la excepción puede ser el perfil que expresa en sus declaraciones Nuñez Feijóo, en su conocida profecía que asegura “que aquí no hay sitio para esas voxes, perdón voce”– y debemos añadir el entusiasta apoyo de los medios de comunicación afines. 

Es patético escuchar la sinrazón de un director de periódico que tiene en su currículo haber estado trabajando para Mariano Rajoy y el Partido Popular, en el despacho de al lado o el papelón de otro agitador ya profesional al que se le sitúa en el entorno del comisario de Policía Villarejo, hoy en el trullo.

¡Socorro!, nos invaden
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