lunes 18.11.2019

Estrategias suicidas

Los insignes estrategas electorales planificaron el debate a cinco que contemplamos el pasado lunes con una intención clara y común de ignorar al debutante líder de Vox, Santiago Abascal. Desde el PP y Ciudadanos debieron de pensar que atacar a quien ha sido socio imprescindible en la configuración de gobiernos autonómicos y municipales que presiden en realidad los situaría ante el espejo de su propia contradicción. 

Desde el PSOE y Unidas Podemos debieron de tirar del refranero clásico para concluir que no hay mejor manera para mostrar el desprecio que no hacer aprecio, una máxima que el mundo tuitero ha hecho suya para ignorar al ejército de trolls y haters que lo pueblan. La consecuencia de ambas estrategias fue que el intocado Abascal encontró terreno propicio para vomitar con comodidad su negro ideario, sin necesitar agotar un solo segundo en réplicas innecesarias porque las necesarias interpelaciones no llegaban.

Así que el líder de Vox se dedicó a esparcir en ese momento de gloria televisiva afirmaciones falsas, disyuntivas engañosas, estadísticas inventadas sobre asuntos críticos como la violencia de género, mensajes xenófobos que criminalizan al extranjero sin distinción de edades o amenazas directas a sus adversarios políticos, como la de ilegalizar al PNV si se tercia. Y demostró tener cara de cemento cuando, para eludir el dardo que le lanzó Rivera sobre su pasado como cargo público en una de esas comunidades autónomas que pretende disolver, le respondió que eso le permitía hablar sobre sus intenciones con conocimiento de causa.

Sus interlocutores no estuvieron a la altura. Debieron responderle en tiempo y forma por dignidad personal y política, para subrayar que en el país que pretenden gobernar no se pueden escuchar proclamas antidemocráticas como quien oye llover. Y debieron hacerlo además por empatía hacia los casi nueve millones de espectadores que contemplaron el debate, ciudadanos que, en una gran mayoría, se revolvieron con cada una de las afirmaciones de Abascal y se volvieron a revolver con los silencios que obtuvo como respuesta. No hace falta ser doctor en historia contemporánea para saber que ni la ignorancia ni el apaciguamiento fueron nunca estrategias eficaces para combatir desde la democracia a quienes atacan sus cimientos. Y esto, quien aspira a gobernar, debería tenerlo muy claro y actuar en consecuencia.

Estrategias suicidas
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