La danza del león

Mucho han cambiado las cosas desde los tiempos en que los ingleses colgaban letreros en algunos lugares de Hong Kong, diciendo que no se admitía la entrada de perros ni de chinos. 

Mucho han cambiado las cosas desde los tiempos en que los ingleses colgaban letreros en algunos lugares de Hong Kong, diciendo que no se admitía la entrada de perros ni de chinos. 
Hoy el pragmatismo se impone. Y como buenos comerciantes que son, los británicos hacen que hasta la misma reina reciba a los herederos de Confucio en el Buckingham Palace. Lo que nos indica que el dinero no entiende de etnias. Hoy la billetera china parece que pesa mucho; demasiado para que alguien ose rechazarla.
Hace unos días con motivo de la celebración del Año Nuevo chino, esa comunidad lo festejó por todo alto en la londinense y emblemática Plaza de Trafalgar. Con las danzas del Dragón y del León la plaza parecía un barrio cualquiera de la inmensa Shanghai.   
La realidad es que los chinos están alcanzando tal poder, que aquellos que los despreciaban ayer les rinden pleitesía hoy. Y no es que los hijos de su Graciosa Majestad hayan cambiado de mentalidad, de que ahora sean más tolerantes y modernos. No. Lo que ha cambiado es la correlación de fuerzas –¡que no es poco!–, dicho en cristiano, el poder se ha traslado de lugar. 
Ahora son los ingleses los que corren para Beijing; aunque en realidad corre todo el mundo. Estos días estuvo por allí la primera ministra, Theresa May, saludando con una sonrisa de oreja a oreja a los dirigentes chinos, lo cual evidencia los “milagros” que hace el poder. Aunque eso no es nada nuevo ni patrimonio de los ingleses. No hay más que ver los honores con que reciben a los jeques árabes en los demás países de la UE, mientras que ordenan deportar o internar en campos a las personas que llegan en patera. 
Es obvio que después del Brexit la inquilina del 10 de Downing Stsreet quiere incrementar el negocio con el gigante asiático. El año pasado el intercambio comercial fue de 63.000 millones de euros. Pero la señora May quiere más. Atrás quedan las guerras del opio y tantas otras humillaciones infligidas a los chinos. 
Pero aunque no lo parezca ellos se acuerdan. En algunos parques, donde antaño los colonialistas europeos les prohibían la entrada, han decidido sin embargo preservar la memoria de aquella infamia. Aseguran que simplemente lo hacen para no olvidar.
Lo que está ocurriendo en el gigante asiático es tan impresionante que no existen paralelismos en la historia humana. En apenas cuarenta años han dado un salto económico, industrial y tecnológico de tal envergadura que no son fáciles de asimilar para una mente occidental. 
Por otro lado, llama la atención el “cóctel” que están haciendo con el marxismo, el capitalismo y el confucionismo. Que tampoco es comprensible para un occidental. Hoy en el templo de Confucio, en Qufu, igual les venden a los visitantes el Libro Rojo de Mao que las Analectas (compilación de dichos y acciones) de Confucio; para ellos todo es inclusión y armonía. 
De un tiempo a esta parte, sobre todo desde la llega de Xi Jinping al poder, se está llevando a cabo una recuperación importante de la filosofía confucionista. La armonía parece ser la palabra clave de todo. De ahí la importancia de rescatar las enseñanzas del líder espiritual de la nación. 
Un ejemplo. En un colegio experimental de Beijing, con alumnos de entre 4 y 12 años, los pupilos deben soportar largas jornadas, que pueden parecer muy duras para nosotros. Sin embargo, los responsables aseguran que los alumnos no sufren presión alguna, porque el objetivo del centro no es que obtengan notas elevadas, sino que la finalidad es la armonía. 
En todo caso, el ascenso del gigante dormido –como le llamaba el “Petit Caporal” corso– tampoco empezó ayer, sino que fue hace 5.000 años en las orillas del río Amarillo. Fue un ascenso con avances, paradas y retrocesos. Algunos incluso demasiado dolorosos.
Pero están demostrando que nada fue en vano. No hay más que ver su política exterior, silenciosa, casi no se siente. Aplican con gran sentido aquel proverbio, que además es de ellos, que dice que quien pisa con suavidad llega lejos. ¡Y vaya si están llegando!
Ahí están. Con sus desfiles, sus danzas y su música. Y su mágica danza del León.