sábado 19.10.2019

Descarbonización

on esto de las energías limpias tenemos un gran conflicto. Existe todo un abanico de soluciones, de sugerencias y también mucha confusión. Lo único claro es que cada día necesitamos más electricidad.
En todo este lío unos van por un lado y otros por el otro. Francia, por ejemplo, se apoya desde hace tiempo en la energía nuclear para producir su electricidad, allí la consideran limpia, barata y segura. Y en países como EEUU o China la mayor parte del consumo todavía procede de las termoeléctricas de carbón; aunque bien es cierto que están explorando otras fuentes de energía. 
En todo caso, les queda poco recorrido a las centrales alimentadas con carbón. El problema radica, sobre todo en España, en el tiempo de transición que se necesita para que esos cierres ocasionen el menos daño social posible. Porque la política de cerrar todas las centrales de carbón de la noche a la mañana, que es más o menos lo que quiere hacer la italiana Enel en España con Endesa, va a ocasionar daños sociales y económicos serios. 
La realidad es que hay muchos puestos de trabajo en riesgo; eso sin hablar de la casi segura desindustrialización de las zonas afectadas por el cierre de las térmicas. Por lo tanto, alargar el tiempo del proceso es primordial para que esa transformación energética llegue a buen puerto, lo que significa que nadie debe quedar colgado y sin futuro. 
En esto de la descarbonización los que nos gobiernan deberían tomar como referente a los alemanes, que llevan a cabo una transición tranquila, respetuosa con los puestos de trabajo y con la economía local. Pero no. Aquí solo los toman como referente para aquello que conviene políticamente; para todo lo demás levantan un tupido velo.
La gente debería saber que el gobierno alemán puso un plazo límite para cerrar todas sus termoeléctricas de carbón, que es el año 2038. Ellos se toman su tiempo para llevar a cabo todo este proceso, no hacen las cosas a ligera ni irresponsablemente como hacen por estas tierras. La señora Merkel dijo que su gobierno quiere proteger el clima, pero que al mismo tiempo quiere hacerlo tomando medidas económicas sensatas que no tengan costos sociales.
Teniendo en cuenta que las centrales de carbón representan en Alemania el 37% de su electricidad, cerrarlas así de pronto para después tener que importar electricidad de otros países sería un negocio de locos. Por lo tanto, el gobierno de esa nación preparó todo un plan para salir del carbón en un tiempo más que prudente, además, financiando esa transición con 40.000 millones de euros. Sin duda, eso es todo un ejemplo de sensatez y de cómo se deben hacer las cosas sin que los consejos de administración ni los ambientalistas dicten sus términos. 
A todo ello hay que añadir que los alemanes quieren aprovechar las térmicas sin tener que desmantelarlas por completo, utilizando el sistema de sales fundidas. Una tecnología que está en fase experimental –que parece ser bastante prometedora y que, además, permite mantener los empleos–, consistente en retener esas sales en un estanque a 500 ºC y así generar vapor para que esas centrales sigan funcionando. 
Es muy posible que esa sea una salida. Porque la biomasa o las “aceitunas”, como proponen algunos, dudamos que la sea. Uno no estudió ingeniería industrial, pero tampoco hace falta tener grandes conocimientos para dudar de la viabilidad de esa solución. Empezando por los millones de toneladas que se necesitarían para alimentar una central importante como la de As Pontes; igual no alcanzan los bosques gallegos ni los olivares andaluces.
Ironías aparte. Es cierto que Enel, la dueña de Endesa, puede tomar decisiones sobre lo que quiere hacer con sus activos industriales en España. Aunque hasta cierto punto, claro. Puesto que el Gobierno como representante legítimo del Estado español siempre tendrá la última palabra, es decir, la potestad de obligar a los italianos a conceder una larga y necesaria prórroga.
Por lo tanto, ¿por qué no se amplía el plazo, como hicieron los alemanes, para cerrar las térmicas de carbón? 
Esta parece ser la pregunta del millón que solo puede responder el señor Pedro Sánchez. Pero no lo hará. 

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