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La estupidez como veneno (I)

Es cierto de que nadie está libre de decir estupideces, lo nefasto es que nos gobiernen a su antojo las simplezas, con la inmoralidad continua, el tono de la insensatez permanente y el timbre incesante del despropósito. Se han de buscar, con urgencia, otros modos y maneras de cohabitar, mediante unos liderazgos de servicio y no de aprovechamiento personal, que lo único que hacen es mutilarnos el horizonte claro y limpio, que a todos nos pertenece por igual. Realmente, cuesta entender que esta atmósfera, tan necia como soberbia, prosiga bajo el contagio de la sandez y viciada en la confusión. 


Tenemos que ganarnos la confianza unos para con otros, ponernos en disposición de entendernos y de atendernos, ser más responsables y ejemplarizantes en nuestras actitudes, tanto más en una sociedad globalizada como la presente, lo que requiere remar unidos, para no estancarse en nuestras propias miserias humanas.


No utilicemos el veneno de la estupidez, que tan solo acrecienta el fuego de la maldad entre análogos, pongamos empeño en otros instrumentos copartícipes, de autocrítica y conciencia crítica, universalizando el diálogo entre saberes y operatividad. Para comenzar, hay que despojarse de intereses, con relaciones de corazón a corazón, que es tanto como querer el bien para todos, que no se asegura con el mero avance de algunos, sino con la fuerza de la entrega generosa, que es donde verdaderamente reina el amor. Precisamente, ahora, en un periodo de recuperación mundial frágil y desigual, se ha de tomar la verdadera orientación inclusiva, como si se tratase de una sola familia. Es verdad que las dificultades son muchas y diversas, pero los gobiernos con sus instituciones volcadas en la protección social, han de ilusionar a esas gentes que no levantan cabeza, por la ausencia de un mercado laboral que no despunta en la acción de ofrecer un trabajo decente para todos.


Bajo este contexto de escasa recuperación laboral, el panorama mundial puede parecer desolador. Nos alegra, por ello, que este año la Unión Europea preste especial atención a los jóvenes con menos oportunidades, así como al tratamiento de los problemas de salud mental.

La estupidez como veneno (I)

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