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Don Juan Tenorio

Miró en el tiempo el porvenir vacío, vacío de ensueños y de gloria, ¡Y se entregó a ese sueño sin memoria, que nos lleva a otro mundo a despertar!”. Es una estrofa del poema que leyó José Zorrilla en 1837 en el entierro de Mariano José de Larra cuya muerte trágica conmocionó a la intelectualidad y sociedad de la época. 
 

Zorrilla era entonces un joven poeta que se dio a conocer como tal en aquel velatorio donde asombró a los asistentes que “saludamos al nuevo bardo con la admiración religiosa de que aun estábamos poseídos”, escribió el político y literato gallego Nicomedes Pastor Díaz. Después se consolidó con una vasta obra poética y teatral que lleva el sello del romanticismo del que fue uno de los grandes representantes.  
 

Su mayor popularidad proviene de Don Juan Tenorio, el más famoso drama romántico que hace años solía ponerse en escena tal día como hoy, víspera de difuntos, en teatros del suelo patrio y en el Estudio 1, aquel buen programa de Televisión Española. 
 

Don Juan encarna a un “mozo sangriento y cruel que con tierra y cielo en guerra, dicen que nada en la tierra fue respetado por él”. Un ser insaciable que busca los placeres mundanos, no respeta norma alguna y lleva hasta extremos increíbles su desordenada manera de vivir.
 

El éxito del personaje no radica en su bonhomía, ni en la belleza de las situaciones, ni en la universalidad del mensaje. Ni siquiera en su perfil de burlador, libertino y seductor. Su éxito se debe a la teatralidad. Don Juan piensa, siente y habla, actúa y enamora teatralmente en una permanente representación en todas las escenas, también cuando corteja a doña Inés y en el último momento cuando se de rodillas, levanta las manos al cielo. 
 

Envuelto en el ingenio y la picardía, la falsedad, la mentira y la provocación, representa la vida misma con sus variadas situaciones, hipocresías y convencionalismos y esto es lo que nos acerca e identifica con Don Juan. Porque todos llevamos dentro un Tenorio, un aventurero rebelde que en el fondo desprecia el orden establecido e intenta huir de la realidad como mecanismo de defensa para vivir según el ideal soñado. 
 

El Tenorio está hoy en decadencia, sus representaciones fueron sustituidas por la fiesta importada de Halloween, los ritos celtas del Samaín, aquelarres de meigas y las procesiones de la Santa Compaña que siempre están presente en Galicia. También es bastante probable que la figura de Don Juan no encaje en el feminismo imperante que juzga hechos y obras de siglos pasados con criterios de hoy.
 

En el cambio salimos perdiendo. Pero siempre nos queda la opción de releer este clásico universal que nos lleva al romanticismo, un buen refugio frente a la realidad prosaica.

Don Juan Tenorio

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