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El verano en el que el coronavirus perdió el protagonismo y la fiesta recuperó las calles

Celebración de la Feria Medieval de Ferrol, este verano, ya sin restricciones ocasionadas por la pandemia de coronavirus | aec-jorge meis

El verano de 2020 empezó con la salida definitiva del largo confinamiento vivido desde marzo. Había ganas de recuperar la normalidad pero el coronavirus avisaba de que iba a ser una carrera de fondo. En julio se confinaba A Mariña y otros cierres similares en otros puntos de España servían como aviso de lo que habría de venir. No había todavía vacuna y las medidas, cuando se detectaban brotes, eran muy duras para atajar la transmisión cuanto antes. Fue un estío en el que las celebraciones se suspendían o bien se adaptaban a las nuevas circunstancias, cancelando las funciones que podían suponer una aglomeración de personas o planeando actividades para un público necesariamente reducido, con inscripción previa y con las mascarillas y el gel hidroalcohólico por bandera. Además, el surgimiento de un brote podía dar al traste con las programaciones.


Ferrol reabrió el Jofre por primera vez para uno de los conciertos del Jazz de Ría por el mal tiempo. Fue la prueba de que, con espacio entre las butacas y medidas de seguridad, la cultura podía seguir adelante. Las fiestas de ese año se centraron en grupos locales y gallegos y en actuaciones en espacios pequeños. Los que fueron en Armas tenían las sillas individuales, bien separadas entre sí. En otras municipios, las fiestas patronales se suspendían.

 


2021, la vacunación


El verano siguiente el coronavirus seguía formando parte de nuestras vidas pero la situación era muy diferente gracias a la vacunación. Se empezó a inocular a finales de 2020 y en el verano de 2021 se avanzaba hacia los grupos de edad más jóvenes, de cuarenta hacia abajo. La transmisión se mantenía alta y se ponía el foco sobre las grandes concentraciones de gente, especialmente las de jóvenes en zonas de marcha, que no habían tenido todavía acceso a la vacunación, y que fueron culpabilizados de la situación.


Las fiestas recuperaron el pulso aunque todavía a medio gas, puesto que se evitaban las aglomeraciones y había que seguir llevando control de los aforos y de las agrupaciones de personas.

 

En 2020 las fiestas patronales se suspendieron o se realizaron con pequeños eventos que no implicasen aglomeraciones

 


Las fiestas de Ferrol se celebraron con cierta normalidad, aunque sin fuegos artificiales. Los conciertos de la plaza de Armas, estrenada el año anterior, mostraban un aspecto diferente, sustituyendo las filas de a uno por los grupos aunque manteniendo mascarillas y medidas de limpieza de manos. La ventilación había cobrado mayor importancia, algo garantizado en las actuaciones al aire libre.

 


El verano del olvido


En este 2022 el coronavirus sigue entre nosotros. La oleada de ómicron en Navidad y los posteriores vaivenes, unidos a la dosis de refuerzo, han curtido a los ciudadanos en varias batallas y se ha perdido el miedo. Ya no quedan restricciones salvo para centros de especial riesgo, como los sociosanitarios, y la hospitalización está en una fase de descenso.


Así las cosas, las fiestas en toda la comarca se celebran sin cortapisas. Vuelven los fuegos artificiales, las cucañas, las ferias, las fiestas gastronómicas y las verbenas multitudinarias. La fiesta recupera la calle. 

El verano en el que el coronavirus perdió el protagonismo y la fiesta recuperó las calles

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