jueves 14.11.2019

Juramentos entre traspiés, voces entonadas y abrazos para dar y tomar

La sesión de investidura de Ángel Mato como nuevo alcalde de Ferrol transcurrió con tranquilidad, sin la tensión palpable de otras veces, con los tropiezos típicos de una mañana de nervios y con grandes promesas de colaboración para una ciudad en la que el ejercicio de la política municipal nunca resulta un oasis.

María Teresa Deus y Ángel Mato y, detrás, Xiana López, Jorge Suárez y Cristina Prados | daniel alexandre
María Teresa Deus y Ángel Mato y, detrás, Xiana López, Jorge Suárez y Cristina Prados | daniel alexandre

A las doce en punto de la mañana entraban los 25 munícipes en el salón de plenos desde la sala adjunta, en formación y con el protocolo bien aprendido. No en vano para muchos era una repetición de la jugada. A las 12.28 quedaba constituida la corporación, después de haber jurado o prometido los cargos. A las 12.49, tras haber escuchado a los cabezas de lista de BNG, FeC y PP, José Tomé proclamaba al socialista Ángel Mato nuevo alcalde de Ferrol. La corporación se puso en pie para escuchar la toma de posesión y, después, el resto del auditorio, cuando Mato se daba la vuelta y enseñaba tímidamente el bastón de mando. Por delante tenía aun un discurso de investidura exhaustivo en su análisis pero antes, una cuestión protocolaria curiosa: pedir las cuentas. Para que conste, hay 6.003.985,68 euros en fondos de tesorería y un inventario con valor de 122.942.889 euros.

La función terminó con la Banda Ferrolá interpretando el himno gallego (que casi nadie cantó, y quien lo hizo fue en voz muy baja) y con la habitual foto de familia. Después cayeron cientos de besos, abrazos y felicitaciones. En el salón estaban exalcaldes (Irisarri, Couce) y políticos de todos los colores, además de familiares próximos a los ediles. Se sentaban en primera fila el secretario general del Partido Popular de Galicia, Miguel Tellado; la diputada de Unidas Podemos Yolanda Díaz; el flamante senador socialista Julio Barros; el todavía presidente de la Autoridad Portuaria, José Manuel Vilariño; un expresidente socialista del puerto, Amable Dopico; y numerosas autoridades militares y civiles. No estaba la secretaria local del Partido Socialista, Beatriz Sestayo, concejala ella misma hasta hace pocos meses y una de las protagonistas del mandato anterior.

La sesión de investidura se desarrolló con cierto relajo, lejos de la tensión cortante que se vivió, sin ir más lejos, hace cuatro años, cuando las intervenciones de quienes estaban llamados a gobernar se recibían con aprobación o desaprobación, según los sectores del público. Ayer estaba todo anunciado desde la noche electoral, las caras son ya conocidas, no se augura ninguna hecatombe que acabe con el orden mundial y tampoco hubo grandes sorpresas. Se escucharon murmullos cuando prometió su cargo Iván Rivas, quien quizá se excedió en su laconismo. Jorge Suárez salió a tomar posesión entre aplausos. La mayoría de los concejales se dejaban la caja en la que guardarán su medalla. Algunos gritaban al micrófono y a otros apenas se les escuchaba. Alejandro Padilla casi aterriza en el suelo al volver a su sitio. Poco más.

Lo de prometer y jurar tiene su miga. A estos últimos se les presupone un compromiso religioso. En Ferrol, 16 ediles prometieron y 9 juraron, todos del Partido Popular. Además, entre las fórmulas que Protocolo les deja en el atril, pueden elegir la lectura en gallego o en castellano. Se empleó el gallego en 17 ocasiones y el castellano, en 8 (7 por el Partido Popular y una por el Partido Socialista). Además, los ediles del BNG y de FeC lo hicieron “por imperativo legal” y, un paso más allá, la formación del ya exalcalde añadió “en base aos meus valores republicanos”.

Respecto al atuendo, primó la elegancia en ambas bancadas y en ambos sexos. Colores neutros, camisas (con o sin corbata), chaquetas, pantalones (vaqueros o no), faldas, vestidos... La variedad habitual.

Alguna lágrima asomaba en ciertos momentos, porque el ceremonial ya se prepara a propósito para crear solemnidad y provocar emociones. Así es más fácil abrazarse y desearse lo mejor. Y eso que se optó de nuevo por la austeridad y no hubo maceros -funcionarios vestidos de gala- y las mazas se colocaron entonces en una mesa en el centro del salón. Se decoraron los suelos con mullidas alfombras y se colgaron tapices y con eso fue suficiente. 

Las investiduras huelen a nuevo. Es fácil creer que este oasis de paz y buenas intenciones va a durar para siempre. Que habrá cien días de respiro para que el gobierno se haga cargo de lo que hay pendiente y de cómo se trabaja. De que, esta vez sí, habrá una coalición que termine su mandato en armonía. Pero es que el discurso de Lincoln que copió Mato lo pronunció en medio de la Guerra Civil Estadounidense. Y en realidad, de la coalición nada se sabe, o porque no avanzan las negociaciones o porque la transparencia pasó de moda, o ambas. Y el lunes... son duros los lunes.

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