sábado 24.08.2019

La semilla del balonmano brota de nuevo en el Tirso

TIRSO DE MOLINA  | EL REGRESO DEL BALONMANO

Más de una veintena de jóvenes balonmanistas conforman los nuevos equipos tirsistas
Más de una veintena de jóvenes balonmanistas conforman los nuevos equipos tirsistas

Que todos estamos conectados en el gran ciclo de la vida –ya se lo indicó Mufasa a Simba al explicarle cómo funciona el mundo– es un hecho, y más cuando las semillas plantadas hace años en una tierra hasta ese momento “estéril” comienzan a brotar. La semilla en este  caso tiene nombre y apellidos, José Grandal, y la tierra es el colegio Tirso de Molina. 


El joven profesor de Educación Física de este centro educativo llegó el curso pasado a la que fue su casa hasta los 18 años –ahora tiene 23– y en su mente había una idea bien clara, la de volver a “plantar” una disciplina deportiva que, tanto a él como al propio colegio, había dado tantas satisfacciones y convertido en referencia de esta entidad, el balonmano. 


Y dicho y hecho. “Yo jugué aquí desde los cinco hasta los 18 años y me daba pena que ya no se jugase al balonmano, sí que se seguía con el baloncesto, y por lo menos quería intentarlo”, señala Grandal, “siempre tuve el gusanillo de que el Tirso volviese a ser lo que era”. ¿Y qué era? Hasta la campaña 2012/2013 –la última temporada en la que el centro estuvo en competición, contando con su primer equipo en una Segunda Autonómica en la que terminó de cuarto clasificado, justo por detrás del Pontedeume– era una de las cunas del balonmano en la comarca –”y también referente en baloncesto”, como señala el propio Grandal–, educando “siempre con el deporte de la mano”, añade. 


Y esas circunstancias, esas sensaciones, eran las que el docente y deportista quería transmitir al resto de los alumnos del centro. Con el apoyo del colegio, en especial del padre Lamelas, y de toda la orden mercedaria, a la que agradece su colaboración, Grandal comenzó a “reclutar” a muchos de los que, presumiblemente, serán parte del futuro del balonmano departamental, hasta conformar un equipo de “20 niñas y niños de entre seis y siete años”, añade, “contamos con dos equipos y cada quince días disputamos unas concentraciones en casa de otros clubes participantes como son el Liceo, Xiria, Camariñas, Curelledo...”. 

Acogida
Unos jóvenes balonmanistas que, en la mayoría de los casos, no contaban con ninguna referencia, ni familiar ni por otros medios, de esta disciplina, ya que “es muy difícil engancharlos al ser un deporte que prácticamente no sale en televisión”. Pero Grandal estaba, y está, convencido de “meterles el gusanillo y que se lo pasen bien”, uno de los principales objetivos al volver a introducir esta disciplina en las instalaciones mercedarias. 


Y es que, en su discurso queda muy claro, lo que espera este docente es que sus pupilos se eduquen con el deporte, con sus valores, que hagan equipo “y que sean sanos”, comenta. Todo ello, evidentemente, con el balonmano como vehículo, “un deporte que es también muy cooperativo", comenta. Una apuesta que ha salido ganadora y que, incluso, ha sorprendido a la propia "banca". "La verdad no contaba con tener tan buena acogida", confiesa el propio Grandal sobre un proyecto que este año da sus primeros pasos con niñas y niños de Primero y Segunda de Primaria del centro, si bien tanto progenitores como alumnos de otros cursos ya le han mostrado su interés por esta iniciativa. 

Una semilla que Grandal está regando con la ayuda del que, asimismo, fue su entrenador y ejerce también de docente en el centro, Christoph Bereijo, junto con Carlos Fleming, Alberto Díaz y Diego Ramos. Los frutos de esta cosecha tardarán todavía en poder recolectarse, pero, de momento, esa no es, para nada, la ­preocupación de un Grandal para el que lo prioritario es, por ahora, "crecer en la base, seguir dando guerra". Y quién sabe, si en algunos años estas niñas y niños estarán de nuevo en las competiciones autonómicas en las que, precisamente, ya estuvieron sus ahora entrenadores. Y es que, como en la vida, todo vuelve, y muchas veces para bien.

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