¿Qué une a Foucellas, El Che, Xosé Neira Vilas y Lee Harvey Oswald?

La vida de los Seixido está condicionada por la llegada a la isla del mayor, Sindo, protagonista de una vida de novela. En el año 1948 Sindo Seixido, que por entonces trabajaba en Astano

¿Qué une a Foucellas, El Che, Xosé Neira Vilas y Lee Harvey Oswald?

La vida de los Seixido está condicionada por la llegada a la isla del mayor, Sindo, protagonista de una vida de novela. En el año 1948 Sindo Seixido, que por entonces trabajaba en Astano, escapó de la Guardia Civil que lo buscaba, recorrió media España y cruzó la frontera entre Girona y Francia en piragua. Era enlace con la guerrilla antifranquista y había ayudado y cobijado a gente como Gómez Gayoso o el mítico Foucellas. Tras un año en Francia, llega a Cuba y crea un taller de productos de alambre que sería nacionalizado en 1963. El Che lo nombra director de mantenimiento del Ministerio de Industria, lo que incluye viajes a los países del Este de Europa. Sobre esta figura recuerda Sindo: “Era un tipo afable, que no faltaba al respeto, serio y competente. En más de una reunión en el ministerio, cuando se ponía serio, hasta los comandantes de la revolución temblaban… En lo personal formé parte del equipo de ajedrez cuando visitábamos las embajadas de países del Este integrados en el CAME. Él estableció el trabajo voluntario, sin remuneración, y en cierta ocasión fuimos a cortar caña de azúcar por la zona del Mariel. Nos reunimos en el Ministerio de Industria a las cinco de la mañana y él estaba afectado de asma y tenía días en que casi no podía respirar. Nos metimos en el cañaveral y comenzamos a machetear. En un momento dado necesitó aire para respirar y un guatacón (adulador) le preguntó si podía ayudarlo, y las voces del Che se escuchaban con la explosión de mal humor mandando a aquel tipo a que volviese a su trabajo… Un hombre de principios”.
Tras su jubilación en 1990, y animado por su amigo el escritor Xosé Neira Vilas, comienza una trayectoria literari. Produce varias obras y publica finalmente los cuentos de “A gloria é un afiador”, y sus memorias de infancia y juventud en Ferrolterra, “Huellas de amor en la memoria”. Su figura aparece en varios libros de Neira Vilas, y hasta el último de ellos, “Semente galega en América”, lo incluye en sus cien biografiados.
En cuanto a su hermano menor, Geluco, fue dirigente administrativo y político en Cuba para empresas del ministerio de Industria, así como en el gobierno municipal de La Habana, y en el ministerio de la industria alimentaria. Se jubiló en 2001 y solo había regresado una vez a Limodre desde su marcha a los 16 años, algo que en los últimos tiempos repite casi de forma anual.
Por su parte, Antucho vive hoy entre Miami y Limodre y tiene la ciudadanía norteamericana, junto con la española y la cubana. Con 14 años entró de aprendiz en Astano, pero a los 17, en 1952, lo reclamó su hermano mayor. En el año 60 un encuentro con el Che cambió su vida. “Nos dieron la posibilidad de que quien desease estudiar podía hacerlo y le seguían pagando. Yo quise estudiar mecánica, trabajaba con mi hermano como tornero, pero en La Habana no había esos estudios y me fui a Santa Clara. Un día llegó el Che y nos dijo que necesitaban ingenieros hidráulicos para una serie de obras que habría que hacer en Cuba, y que iban a mandar a quien quisiera a la Unión Soviética y a los países del Este. Estuvimos un año aprendiendo ruso en Minsk, en Bielorrusia, y luego ya hicimos la carrera”. Una curiosa anécdota de su estancia en la Unión Soviética en 1963 la cuenta él mismo.

EL EXTRAÑO VISITANTE
“En esa época había un tipo que iba por la universidad, un norteamericano que estaba casado con  Marina Prusakova, una conocida de mi novia de entonces. Hablaba muy bien español y le preguntamos cómo lo había aprendido. Nos dijo que viviera una temporada en Bolivia. En la embajada de Cuba les extrañaba aquel hombre que buscaba el contacto con los cubanos y sospechaba que fuese agente de la CIA. Ya el hecho de estar casado con una rusa era algo muy extraordinario. A finales de año, cuando mataron a Kennedy y pusieron en la tele y los periódicos la imagen de su asesino, o presunto asesino, todos nos quedamos sorprendidos porque aquel tal Lee Harvey Oswald era el tipo que habíamos visto en Minsk”. n