Galicia profunda

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Vivimos en una esquina del mapa de España llamada Galicia. Una tierra verde, plagada de pastos y bañada en dos de sus costados por un mar tan bello como embravecido.


En este rincón donde de los manantiales mana el sacrificio, el pacifismo y la fortaleza que imprimen nuestro carácter; el amor por lo propio se respira a cada esquina.


Tierra de valientes y perseverantes, hogar que un día fue de Breogán, para más tarde serlo también de un sinfín de personas luchadoras, creadoras y talentosas, que hicieron y hacen de estos lares un lugar estrechamente ligado a la creación y al trabajo, y que nos lleva a albergar en nuestras fauces uno de los mayores motores económicos del mundo.


Punto de partida de una emigración que todavía nos azota, a pesar de que no pocos nos afanamos en no abandonar el barco, así como en seguir señalando en el mapa este pedazo de tierra, por medio de trabajos vinculados al esfuerzo y a una inspiración que llega tan solo con respirar su aire.


Y es que es Galicia una tierra que hechiza y que invita a sus habitantes a danzar al paso de sus propios sones, entre el verdor de bosques animados y pazos encantados.


Galicia huele a mar. Un mar opuesto al asfalto que recorre de norte a sur una gran parte del país que nos acoge, y que nos hace más libres que a la mayoría. Porque aquí, si que te dejan en paz de verdad y si que eres libre. Pero es que, además, los gallegos también queremos ser dejados en paz. Vivir a nuestra manera, lejos de grandes urbes despersonalizadas en las que la mayoría de la gente pierde un tercio de sus vidas desplazándose a cambio de un jornal.


Aquí, el edén del individualismo está en las playas y bosques que nos envuelven sin masificarnos. En esos lugares donde uno todavía es alguien y aún puede soñar con ser algo más sin pisar a nadie.


Tierra de grandes poetas, escritores, pintores e intelectuales de toda índole, que componen minuciosamente el puzzle de la historia que nos abraza y cobija a partes iguales. Lejos de todo y cerca únicamente de nosotros mismos.


Profundos, que es justo lo contrario de superficiales… Y he ahí donde yo quiero vivir: en este pedazo de mapa que, por tratar de ofender, hay quien a él se refiere como Galicia profunda.


Pues yo me zambullo y me sumerjo en esa profundidad que pocos lugares tienen, muchos anhelan y tan solo un puñado es incapaz de comprender.


Solamente puedo decir gracias a los que hacen oídos sordos a comer raritos despectivos, a los que no reniegan de esta tierra, a los que fomentan su economía circular, a los que impulsan el talento que muchos de sus habitantes destilan por los cuatro costados, a los que pelean por situarla en el mapa y-sobre todo- a los que por amarla, propagan con orgullo su esencia allá donde van.


*Begoña Peñamaría es diseñadora y escritora

Galicia profunda