El júbilo de los malos

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"Este es un momento de júbilo para los extremistas del mundo”. Quien realiza esta afirmación es el reportero estadounidense Jon Lee Anderson, en entrevista publicada por El Mundo. Lee Anderson enviado por The New York a Afganistán país al que ha viajado en diez ocasiones, realiza unas interesantes declaraciones sobre aquel país y la posición de EEUU.


Creo que tiene toda la razón en la afirmación reseñada y en otras muchas pero hablar del júbilo de los extremistas me parece un resumen perfecto de la realidad no ya de Afganistán sino de otras partes del mundo. Visto lo visto, los extremistas, es decir, los malos, solo tienen motivos para la alegría. Los talibanes han sabido esperar. Han estado al acecho. Emboscados, quietos hasta que han visto que los demás, los buenos, han desistido.


Pienso que no puede haber en el mundo una sola persona de bien y que siga medianamente la actualidad que no tenga el alma encogida ante tanto horror, ante el sufrimiento sin límites de mujeres y niños, ante la falta absoluta de libertad. El miedo es el mejor y más contundente enemigo de la libertad. Los bárbaros talibanes no han tenido, ni tienen ni tendrán jamás la más mínima piedad. Han intentado engañarnos y lo malo es que no han faltado quienes a punto han estado de caer en la trampa.


Ante este panorama contemplo atónita y con interés las múltiples reflexiones que se realizan sobre la actitud de EE.UU , de la OTAN y de todos aquellos que durante veinte años han llevado grandes avances a la sociedad afgana. No seré yo quien no comparta muchas de las críticas que se escuchan hacia los occidentales pero me cuesta entender que en estos momentos el foco, el único foco del debate no sean los talibanes, los malos, los que guillotinan a sus compatriotas, los que invisibilizan y someten a las mujeres. Bien esta la autocrítica, repasar lo que se ha hecho mal, pero es obvio que nada satisface más a los malos que observar como los demás nos echamos la culpa unos a otros del infierno que vive Afganistán. Ellos se unen, comparten estrategia -sembrar el pánicO- y objetivos: aplicación sin piedad la terrible ley de la sharia.


Me temo que a no tardar, de una manera u otra manera, se reconocerá el régimen talibán y está por ver, que no se ha visto, que las cosas se llamen por su nombre y para hacerlo basta con decir con nombres y apellidos quienes someten a las mujeres privándoles del más mínimo derecho, los que guillotinan a los jóvenes, quienes apalean a los homosexuales, no son los Estados Unidos, ni la OTAN, no, son los talibanes. Los malos son ellos y es a ellos a los que hay que señalar día si y día también. Pero no, nos perdemos en eufemismos, en grandes reflexiones sobre el poder de las alianzas armamentísticas. No es el momento. Es el momento de señalar a los malos de verdad como únicos responsables de tanto horror.


Jon Lee Anderson sostiene que si a una guerra no se va a ganar lo que se hace es una “huevada”. Tiene razón. Nunca se les quiso ganar, derrotar del todo y ahora aquí están, llenos de júbilo. Los malos de Afganistán y de otros muchos malos que en el mundo hay.


Aquí, en España, estamos esperando al presidente que hoy sábado tiene gran acto en Torrejon de Ardoz. Todos nos debemos felicitar de que nuestro país, al menos por un día, tenga presencia internacional. Felicitarnos por ello, y yo lo hago, no puede dejar pasar por alto la piel tan fina del Ejecutivo: nadie ha criticado la gestión de España. Lo único que ha pedido la Oposición es que el presidente comparezca. ¿Esto es ofender? ¿Esta petición es una deslealtad? Lamento que ni Merkel, ni Macronúcleo ni nadie le haya llamado y lamento que nuestro presidente ante una cuestión de Estado, una vez más, no haya sido él quien, desde el minuto uno, no se haya puesto en contacto, al menos, con el líder de la oposición.

El júbilo de los malos