La utilidad de lo inútil (y II)

|

Recuperar el gusto por el pensamiento crítico, por la argumentación, la retórica, la historia o, por ejemplo, la justicia es la base de la revolución pacífica que precisamos para que las nuevas generaciones estén en mejores condiciones que nosotros para humanizar este deshumanizado mundo en que vivimos.

El libro del profesor Ordine tiene la peculiaridad de que ha sido escrito a base de la recogida de testimonios de muchos pensadores que se incardinan en esta necesaria humanización de la realidad a la que debemos volver. Pensadores que tienen muy claro que la dignidad del ser humano no radica ni en el dinero o poder que se tiene sino en su capaz de vivir en libertad. Algo que hoy hemos perdido seducidos por los ídolos y propuestas financieras que nos bombardean un día y otro las terminales mediáticas de los grandes dominadores de este mundo.

Este breve ensayo resulta particularmente interesante en este momento en un mundo en crisis en el que, junto a la pandemia, la corrupción es una de las principales preocupaciones de la ciudadanía. Ordine es partidario de que hoy los gobiernos, en lugar de recortar en educación, en sanidad o en servicios sociales, se empeñen seriamente en luchar contra la corrupción. Es decir, en lugar de castigar a las clases medias y bajas, si se combate frontalmente la corrupción se podrían evitar el despilfarro general que impide invertir en los problemas reales de las personas, de la gente corriente y moliente que sufre una situación que otros han creado, lo que es notoriamente injusto.

En este sentido, el profesor de Calabria es bien crítico cuándo señala que hoy los gobiernos se ceban con los más frágiles y vulnerables, lo que es muy injusto en un contexto en el que no sólo hay corrupción en los Estados, sino también en las grandes empresas, algunas de las cuales colocan el dinero que obtienen en paraísos fiscales y luego se declaran en bancarrota. Muchas veces, sigue diciendo Ordine, se piden sacrificios a los obreros aplicando una lógica en la que se privatizan los beneficios y se socializan las pérdidas.

El profesor Ordine no es contrario a las ganancias porque si son legítimas y razonables y discurren en una lógica multilateral, a todos los actores de la empresa benefician. El problema reside en la concepción finalista de la ganancia.

Cuándo esta es un fin en sí misma entonces acontece lo mismo, más o menos, que cuándo la política se convierte únicamente en una maquinaria de obtención de votos. El fin justifica los medios y la corrupción es la consecuencia.



En fin, esperemos en este tiempo que ojala sea de postpandemia pronto se empiece a vislumbrar que las causas de lo mal que lo estamos pasando también proceden de sublimar y exaltar lo útil en términos crematísticos. Cada vez va siendo más importante, me parece, entender que el pensamiento complementario demanda volver a perspectivas de equilibrio porque guste más, poco o nada, el ser humano tiene una dimensión material y otra inmaterial. ¿O es que no somos también animales racionales?.

La utilidad de lo inútil (y II)