La España difícil

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Estos días por motivos bien distintos, los nombres de dos científicos españoles fueron noticia; la ferrolana Angeles Alvariño y el cartagenero Isaac Peral.


La primera da nombre al buque que rastrea el fondo marino debido a los lamentables sucesos que no hace falta mencionar; el segundo bautiza uno de los proyectos de ingeniera más importantes de la industria española, el diseño y construcción de nuevos y avanzados submarinos.


Revisando la historia veremos que nuestro país siempre fue cuna de grandes estudiosos, científicos y emprendedores; otra cosa bien distinta es como se les apoyó o como se les ignoró o incluso el trato recibido.


De una extensa lista podríamos también destacar a Juan de La Cierva o el Nobel Santiago Ramón y Cajal.

Hoy en día España continúa siendo origen de grandes profesionales y científicos que, debido a la poco afortunada gestión de nuestra clase política, se forman en nuestras universidades, pagadas por todos los españoles, y acaban emigrando y triunfando en países terceros donde contribuyen a su desarrollo y progreso.


La ferrolana fue una eminente bióloga oceanógrafa que, debido a la falta de medios en nuestro país, acabó emigrando primero a Gran Bretaña y finalmente al Instituto Scripps de Oceanografía en La Jolla, California, donde falleció.


Isaac Peral fue el inventor del primer submarino eléctrico de la historia. A pesar de los esperanzadores comienzos del proyecto la España cainita le creó una leyenda negra y defenestraron toda posibilidad de continuidad.


Juan de la Cierva fue el padre del autogiro, precursor del helicóptero. Hoy en día es vilipendiado y borrado de la historia por la “presunta” implicación en el golpe de estado del 36; mientras a los actuales golpistas se les indulta y no parece que sea por sus méritos científicos.


Un panorama bien distinto habría en la actual industria española de submarinos y helicópteros si estos 

científicos hubieran tenido el apoyo político que les darían en cualquier otro país

Ramón y Cajal fue maltratado en Cuba como médico militar y ya de regreso y debido a su empeño y 

esfuerzo personal -compró él mismo su primer microscopio- acabó recibiendo el Nobel de medicina por su teoría “Doctrina de la Neurona”. Prueba de su brillantez y honestidad nos la da el hecho de haberse negado a ser nombrado ministro de sanidad.


Algo sigue sin mejorar cuando el menos apropiado “trepa” a puestos de alta responsabilidad, no emigra, no apuesta por lo común, mirando solo a su aldea y tilda de fascista a todo aquel que discrepa con el aparato de poder “progresista “en esta España difícil.

La España difícil