Tomar la delantera a la crisis (II)

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En consecuencia, fruto de nuestras debilidades, la ética siempre estará en aprieto, porque sí no está en dificultad es que andamos demasiado satisfechos y pensamos que ya se han realizado todas las aspiraciones, lo cual sería lo más perjudicial que nos podría pasar. Siempre hay que imaginar otro mundo para enhebrar ese orbe estético unido y hermanado, atmosfera vital para poder superar cualquier crisis. La indiferencia nos tritura los anhelos y nos separa. Por eso, es esencial despertar. Sea como fuere, no podemos proseguir en ese estado de confusión que nos gobierna.


Así, las vacunas contra el COVID 19 no son una opción más, sino una acción ética solidaria a realizar por la ciudadanía, dentro de un bien público mundial, cuyo rechazo tampoco debe afectar a los derechos fundamentales de la persona, en concreto a su derecho de acceso a la sanidad o al empleo.


Sin embargo, hemos de ser conscientes y responsables, de que no terminaremos con la pandemia en ningún lugar si no acabamos con ella en todas partes del mundo. Desde luego, en tiempo de apuros, hay que ser muy firmes en la convicción de la certeza; y, en este sentido, la acción humana es insustituible; debe coordinarse y reunirse, pero también, intensificarse y diversificarse.


La evidencia de los hechos actualmente nos indican multitud de escollos, que exigen de cada uno de nosotros, superar la lógica de los intereses, poniéndonos al servicio de una entrega más justa y más digna de un ser pensante. Al fin y al cabo, esta cadena de problemas sólo podrá resolverse con la fuerza conjunta de la unidad y de la unión, del derecho y de la justicia. Lo cardinal es poder abrazar esa luz regeneradora al final del túnel, del empobrecimiento y la desigualdad.

Tomar la delantera a la crisis (II)