Apelación a Irene Montero

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La ministra de Igualdad detalló en el Senado hace un año los planes de su departamento para esta legislatura. En primer lugar, destacó la lucha contra la violencia machista que calificó como “una de las violaciones de derechos humanos más graves que se cometen habitualmente en nuestra sociedad”.


Era una forma ampulosa de decir que los asesinatos de mujeres era el objetivo de su paso por el Gobierno. Pero, prueba de que de las promesas a los hechos va un buen trecho, son los sangrientos datos de mayo. La desaparición del estado de alarma y el fin del confinamiento ha despertado los demonios del machismo. La inacción en este tema contrasta con la explícita pelea dentro del Gobierno por la legislación entorno a los derechos LGTBI y la ley “trans”. Se ha trasmitido la imagen de que la defensa de ambos proyectos era el objetivo primordial del ministerio de Igualdad.


Mientras, las mujeres amenazadas, obligadas por el confinamiento a vivir con su agresor, sorteaban el peligro. Eso sí, desde el Ministerio se les instaba a denunciar las agresiones sin ofrecerles casa de acogida. Porque, en este año, no se han abierto más instituciones donde poder refugiarse. Por el contrario, se han cerrado varias. Así que el lema debería ser: denuncie y sálvese cómo pueda. Y, aunque la ministra también destacó como línea de trabajo la intensificación de la detección temprana de la violencia machista en la desescalada, el incremento en el número de asesinatos demuestra que no se ha detectado nada.


Parece que el asesinato de las niñas de Tenerife ha despertado la indignación popular y las calles se llenaron de protestas. Montero hizo unas compungidas declaraciones en una emisora de radio y explicó que ya se temían un crecimiento de la violencia con la vuelta de la movilidad. ¿Y que plan o medidas se prepararon desde el Ministerio de Igualdad para evitarlo? No hay respuesta.


Como tampoco hay un plan para proteger a los niños de la violencia vicaria; esa que lleva a los hombres sádicos, narcisistas y desalmados a matar a sus hijos para “dar donde más duele” a las mujeres. Desde 2013 cuarenta niños han sido asesinados por su progenitor. Casi siempre ocurrió cuando el menor estaba conviviendo con el padre en el régimen de visitas pactado.


Todavía, la violencia vicaria no figura en el Código Penal. Si el Ministerio de Irene Montero tiene una finalidad es proteger la vida de las mujeres y sus hijos. Sin vida no hay igualdad que valga.

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