Fernando Simón no puede seguir en su puesto

|

Ajeno al desbarajuste que desde el propio Ministerio se ha propiciado desde hace semanas al respecto, Fernando Simón ha culpado a los ‘grupos de presión’ y a los medios de comunicación de influir de manera inconveniente en la población acerca de la segunda dosis de la vacuna que deba facilitarse a los ciudadanos. Dice Simón que esos grupos y los medios ejercen esta influencia en base a ‘otros’ intereses, ajenos al sanitario, y desoyendo a las autoridades más solventes.


Sostiene que el tema de la segunda dosis “se ha utilizado de muchas maneras por parte de los diferentes grupos políticos, de los lobbies que tienen intereses, de los medios de comunicación que tienen su propia línea editorial además de sus patrocinadores determinados”. Es decir, Simón acusa a los medios de algo tan grave como aconsejar una vacuna u otra en función de la publicidad, abierta o encubierta, que reciban de una u otra farmacéutica. Y, por supuesto, sin importarles qué es lo que resulta mejor para la salud de los españoles.


Si este supuesto se diese, y aguardamos a que Simón lo lleve ante los tribunales o al menos especifique quiénes están incurriendo en estas prácticas, resultaría que ‘los medios’, así, en general, están siendo acusados de practicar una política informativa que podría resultar lesiva a los ciudadanos. Algo, a mi entender, gravísimo. Y falaz, hasta que no se demuestre, ya digo, lo contrario. Creo que el señor Simón está cometiendo un desliz sustancial que le incapacita para mantener un puesto en el que ya antes ha caído en prácticas absolutamente inaceptables. Y creo también que lo hace para echar las culpas propias de su Ministerio sobre las espaldas de otros, en este caso lobbies no identificados, políticos y medios de comunicación. No resulta necesario recordar al portavoz el caos de declaraciones oficiales y oficiosas, y no solo procedentes del Ministerio de Sanidad, sino también de organismos europeos y de la propia OMS, en torno a la conveniencia de vacunarse o no con AstraZeneca a unas edades u otras, o sobre si la primera dosis de AstraZeneca se puede o no combinar con una segunda de otra marca.


Así, no son los medios, que han realizado una labor altamente encomiable durante la pandemia, los que han sembrado la confusión entre los ciudadanos. La impericia de Simón como portavoz, su seguidismo a las directrices de sus jefes, tantas veces en contradicción con las conveniencias sanitarias hace que resulte increíble su permanencia en el puesto. Máxime cuando Sanidad cambió de responsable y ha entrado en una fase nueva en la lucha contra el virus, es decir, las vacunaciones, y estas exigen una nueva estrategia y mayores conocimientos que los exhibidos hasta ahora por esas “autoridades solventes” a las que Simón se refirió.


Bien haría Darias en dar un giro a su política de comunicación, tan importante a la hora de generar seguridad o inseguridad en la ciudadanía. Porque ¿quién nos dice que el doctor Simón, como ya hizo cuando nos desaconsejaba usar mascarillas, no está apostando ahora por el uso de una ‘segunda vacuna’ diferente a AstraZeneca simplemente porque no hay dosis suficientes de esta marca?


Lo siento por el simpático, director del Centro de Coordinación de Alertas y Alarmas, pero resultaría difícil poder afirmar que, con sus menos que medias verdades y, sobre todo, con este tipo de acusaciones contra unos medios que, contra viento y marea, en unas condiciones económicas complicadísimas, han mantenido su tarea de informar durante la peor crisis sufrida en un siglo, el doctor Simón este contribuyendo a que mejoren las cosas. Más bien, todo lo contrario: concrete sus acusaciones o márchese y deje en su lugar a alguien más serio.

Fernando Simón no puede seguir en su puesto