“Cabezas claras”

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Escribió don José Ortega que “cabezas claras no hubo probablemente en todo el mundo antiguo más que dos: Temístocles y César, dos políticos. La cosa es sorprendente porque, en general, el político, incluso el famoso, es político porque es torpe”.


Rescato estas palabras a propósito de dos hechos protagonizados por políticos, más torpes que famosos, cuyas víctimas son tres personajes conocidos que el ilustre pensador calificaría hoy de “cabezas claras”.

Nicolás Redondo y Joaquín Leguina, retirados de la política que ejercieron con dignidad, recibieron a Isabel Díaz Ayuso en la sede de la Fundación Alma Tecnológica de la que ambos son presidente y vicepresidente, unos días antes de que se celebraran las elecciones en Madrid. Semejante “delito” fue el pretexto que necesitaban los dirigentes del Partido Socialista, para abrirles expediente.


Pero el problema de fondo es otro. Los dos veteranos socialistas tienen la funesta manía de pensar y son críticos con la forma que tiene el presidente de dirigir el país y al PSOE -“una sigla propiedad de un señor llamado Sánchez”, dice Leguina- y con sus alianzas parlamentarias.


Sus discrepancias son como una especie de sarpullido que molesta y resulta incómodo a esta generación de políticos torpes, que desprecian la sabiduría, la experiencia y la sensatez de estos dos veteranos dirigentes cuyas aportaciones serían de gran valor para enriquecer y reorientar al partido.

Por eso, con una hoja de servicios intachable, pueden ser “depurados” por la nueva dirigencia del PSOE que, en palabras de Adriana Lastra, “escuchamos a los mayores, pero ahora nos toca a nosotros la dirección del país y del partido”.


El segundo hecho fue el “voto particular” de la portavoz socialista de cultura del ayuntamiento de Madrid, Mar Espinar, que criticó la concesión de una medalla otorgada por la corporación al escritor Andrés Trapiello, un intelectual independiente, al que acusó de “revisionista”, acusación que el portavoz Pepu Hernández no supo explicar en una emisora de radio.


Es la ignorancia aderezada de sectarismo hacia otra “cabeza clara”, un autor prolífico y de una honestidad intelectual contrastada que tiene una obra tan valiosa como reconocida. En Las Armas y las Letras describe con profundidad la dimensión humana de la Guerra Civil, un gran libro sobre aquella tragedia que por si solo justifica la vida de un escritor.


Este es el coste del pensar libre e independiente para dos ex políticos y un escritor relevante, “purgados” por unos políticos torpes que, parafraseando a Felipe González, no son capaces de hablar media hora de la historia de España. Temen a la verdad porque viven de la propaganda, que es el reino de la mentira. 

“Cabezas claras”