Villarejo desactivado

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“epe” Villarejo, el hijo de la matrona de Priego (Córdoba), ya no es lo que era. Ahora arrastra el “complejo de la barragana” (sic), a la que se la quiere en privado y se la repudia en público.


Su paso por la comisión “Kitchen” del Congreso (¿espió el Gobierno Rajoy en 2013 al extesorero del PP, Luís Bárcenas?) quedó en agua de borrajas, aunque aún flotaba en el aire su enésima amenaza de que se prestaría a la catarsis tirando de la manta. Agua.


Después de responder a las preguntas de sus señorías, el comisario jubilado -jubilado de sus trapacerías en modo cárcel- fuése y no hubo nada. Fuegos artificiales. Solo la aparente novedad de que se intercambiaba mensajes por el teléfono móvil con el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sobre el operativo de espionaje supuestamente montado en torno a Bárcenas.


Una vez más, sin aportar prueba alguna de su malévola presunción de vara alta e hilo directo con el poder, más allá de recitar las primeras y últimas cifras del número de teléfono de Rajoy. Algo que no necesita de especial cualificación en materia de fontanería policial. Al pedirle pruebas de su señalamiento se remitió al archivo documental intervenido por los agentes de la Unidad de Asuntos Internos que le detuvieron en su domicilio de Boadilla del Monte el 3 de noviembre de 2017.


Lo sorprendente es que a estas alturas del culebrón Villarejo tratase de convencer a los diputados de que su concurso en el operativo “Kitchen” se limitó a desactivar la información “comprometedora para altas instituciones del Estado” que guardaba Luis Bárcenas. Aclaró entonces que si fue apartado de la operación fue por su incomoda insistencia en remitir al juez toda la información intervenida al extesorero del PP.


Además de la de Rajoy, la supuesta implicación de los servicios secretos en este operativo fue la otra novedad aportada al caso Kitchen en la comparecencia de Villarejo ante la mencionada comisión parlamentaria. Asimismo, sin pruebas. En cambio, hay pruebas sobradas de su aversión al general Sanz Roldán, entonces director del CNI que en este caso sí actuó al servicio del Estado. Eso explica la sed de venganza que sigue abrigando el excomisario contra quien más trabajó por sacar del campo a quien hizo del chantaje una forma de ganarse la vida.


Gracias al sentido de Estado de Félix Sanz, en saludable complicidad del periodista Javier Ayuso (El País) es verosímil que ahora, cuatro años después de su detención, podamos afirmar que el excomisario Villarejo es un personaje desactivado como un gran enredador de la vida pública que se hizo supermillonario arruinando vidas y destruyendo prestigios profesionales. En la moderna cárcel de Estremera, con el número de preso 2017014718, es donde mejor está.

Villarejo desactivado