Un estado de alarma chapucero e insuficiente

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Cuando el Gobierno aprobó el estado de alarma descargó buena parte de la gestión de las restricciones para intentar frenar la pandemia en las comunidades autónomas. Sin embargo, la fórmula chapucera que encontró el Ejecutivo, que parecía más preocupado por conseguir la convalidación por período de seis meses y sin comparecencias que por otra cosa, se está quedando muy corta ante las dimensiones de esta segunda ola. La mejor demostración es lo que sucede en Asturias. Su presidente, el socialista Adrián Barbón, quiere confinar a la población de su comunidad antes de que se produzca un colapso en su sistema sanitario. Y, sin embargo, el ministro Salvador Illa descarta absolutamente esta posibilidad, ya que supondría una modificación del actual estado de alarma y, por lo tanto, podría conllevar una nueva aprobación en el Congreso. Y, con este panorama, con el Ejecutivo desaparecido y con las comunidades sin armas para responder a la pandemia, el futuro que se nos presenta es de lo más descorazonador. FOTO: Salvador Illa, en una rueda de prensa | aec 

Un estado de alarma chapucero e insuficiente