El titánico trabajo de ser presidente

|

En este país estamos acostumbrados a que los políticos, cuando llegan al poder, reclamen cien días de cortesía. Se supone que es el plazo que necesitan, algo más de tres meses, para asentarse y comenzar a actuar. Por eso, no se puede mirar más que con envidia cómo funcionan los Estados Unidos. Tras poner su mano sobre la Biblia y jurar el cargo, Joe Biden se fue corriendo al salón oval (el auténtico cenáculo planetario del poder) y se puso a firmar órdenes como si no hubiera un mañana. Desde la suspensión de la construcción del muro con México hasta la obligatoriedad de utilizar mascarilla, desde medidas de apoyo para los llamados “dreamers” hasta el regreso al acuerdo de París sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Hasta firmó el regreso a la OMS. Y eso en los primeros instantes de su mandato. Es imposible imaginarse a un presidente español haciendo algo similar. Aquí lo primero sería celebrarlo con los amigotes para, acto seguido, comenzar a repartirse cargos y que las nóminas públicas comiencen a fluir lo antes posible. Lo dicho, auténtica envidia. FOTO: Joe biden en el acto de su toma de posesión | Jonathan Ernst / CNP / Polaris / Ep 

El titánico trabajo de ser presidente