Un mensaje para ser aplicado, no para criticado

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nunca chove a gusto de todos, y menos en una España tan maniquea como la que nos ha tocado vivir. Pasamos del blanco al negro sin solución de continuidad y por ello, mientras para unos el rey, en su mensaje navideño dio una lección de mesura y coherencia, para otros, no ha sido más que el portavoz de los golpistas del 155 (sí, ya se sabe que tiene coña que los golpistas de la Declaración Unilateral de Independencia hayan decidido que quienes aplican la ley para restaurar el Estado de Derecho son también golpistas). La realidad es que Felipe VI lanzó un claro mensaje propugnando el diálogo para recuperar la senda de la que nunca debimos haber salido. Más allá de que a uno le caiga mejor o peor el monarca, la realidad es que su actuación en todo este conflicto derivado de la locura secesionista catalana ha sido, cuando menos, ejemplar. Ha sabido desempeñar su papel de jefe del Estado, llegando incluso en momentos en los que el Gobierno parecía un barco a la deriva y sin rumbo. Ahora solo falta que además de criticarlo, unos y otros se dedican a aplicar las recetas simples que recomendó. Nos iría mucho mejor, desde luego. FOTO: Felipe VI | aec

Un mensaje para ser aplicado, no para criticado