Un polifacético pintor, firmante y moderador

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NO, no era el papa. Aquel hombre vestido de pontífice, con la nariz colorada y una copa en la mano que ilustró el cartel de Carnaval no era el papa. Díjolo un juez y punto redondo. Lo mismo podía ser el dalai lama que un firmante del manifiesto de la Marea, nasía pa’ganá, si su autor, Alberto Guitián, se hubiese hecho un autorretrato. El tal Guitián es tan buen dibujante como firmante, pues rubricó ese documento que tan cuantiosos réditos ha proporcionado a todos cuantos estamparon su nombre al pie. En concreto, a él no solo lo consagró como cartelista de la corte –primer paso para una brillante carrera; solo hay que pensar en Velázquez, gloria del arte español, que fue pintor de cámara de Felipe IV–, sino que le ha servido para que el Gobierno local lo contrate ahora como moderador en el ciclo Graphic Jam. Menos mal que su firma era inteligible, porque llega a ser un garabato y aún están ahora los sabuesos de la xente do común tratando de descubrir a quién corresponde. FOTO: cartel diseñado por alberto guitián | aec

Un polifacético pintor, firmante y moderador