Una desmoralizante defensa de la moral

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PARA elevar a la Venus de Willedorf a la categoría de mito erótico hay que ser un poco depravado de más. Quizá su autor, un tipo de la Edad de Piedra, se puso a mil mientras la tallaba y sus compañeros de tribu sintieron una excitación similar a la que una sobredosis de Viagra provoca en un humano actual. Nunca se sabrá. En cambio, sí se sabe con absoluta certeza que la pieza, pese a sus descomunales pechos, sus rotundas nalgas y su cintura, que más que de avispa es de luchadora de sumo, jamás llegaría a playmate honorífica. Pues aún así, Facebook la ha censurado por su carácter pornográfico. ¡Qué ridiculez! FOTO: la venus de willendorf | aeco

Una desmoralizante defensa de la moral