Emociones a cultivar (II)

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Quizás, para empezar, tengamos que convencernos de que nadie puede valerse por sí mismo, hasta el mismo planeta requiere de la voluntad de todos, pues cuidar a la naturaleza, que conforma ese hogar común, es también cuidar a las personas. Nos conviene, por tanto, salir cuanto antes de esta cultura hipócrita. No es humano proseguir lavándose las manos ante las injusticias y no acoger a los rechazados.


Somos seres necios y olvidadizos. Sabemos que cada contienda entre semejantes, es una efectiva destrucción de nuestro espíritu racional. Rectifiquemos entonces. No cortemos las alas del deseo y del afecto más níveo. Ya está bien de dejarnos dominar por los dominadores.


Será bueno que, al fin, nos descubriéramos queridos. Seguramente tendríamos otros caminos con menos vicios. Tampoco nos oiríamos tan vacíos. Sin duda, caminamos demasiado desmembrados. Urgen otras rebeldías más éticas. Hay muchos abandonos y pocas hospitalidades entre análogos.


La deshumanización es otro de los tormentos. La falta de ternura nos impide vivir en armonía y con iguales posibilidades. Sacudamos estos espíritus malignos con la constante renovación de nuestros pasos. Ojalá, en este tiempo de Semana Santa, aprendamos a sentir con el lenguaje purificador del verso, y a concebirnos más espíritu versátil que espina de pedestal; inspirándonos en esta revelación luminosa del marchar gozoso, con el punto culminante de la revelación de la entrega de Dios hacia toda criatura viviente.


Sólo el buen hacer del corazón nos muestra la auténtica orientación. Hemos de reencontrarnos, pues, con esa dimensión más profunda del alma. Seguramente, así, comprenderemos la poética de nuestros fondos interiores, muy distantes de nuestras formas exteriores. En consecuencia, dejemos que nuestra conciencia nos interrogue y también nos responda a como corresponde, con la quietud de observarse amado, formando parte de ese poema interminable que requiere de los latidos conjuntos de toda esencia. Al fin y al cabo, son estas pequeñas emociones reparadoras las que nos engrandecen por dentro, traduciéndose en obras concretas. 

Emociones a cultivar (II)