La dimensión ética ( y II)

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La pandemia, me parece, nos ayuda a ver las cosas con más nitidez planteándonos retos y desafíos de gran envergadura.


Se habla mucho de los derechos humanos y, sin embargo, nos invade un mundo en el que avanza la desigualdad, sobre todo en estos momentos de crisis provocada por la pandemia. Se habla mucho del problema del hambre, pero desgraciadamente no disminuye. Se insiste tanto en la protección ambiental y, sin embargo, falta todavía una sensibilidad elemental. Se habla, en fin, de los derechos de la mujer y, sin embargo, el panorama general no deja de ser francamente desalentador. Se habla mucho de responsabilidad social corporativa y nunca las empresas, sobre todo en el ámbito financiero, han exprimido más a los ciudadanos con tal de obtener pingues beneficios. El urbanismo, otrora uno de los sectores más propicios para la racionalización en el uso del suelo es hoy el principal espacio para la corrupción.


Cada vez los pobres son más pobres y los ricos son más ricos. Si a este alarmante dato se le añade la injustificable pasividad de la Comunidad Internacional ante tantos tristes acontecimientos de muerte y opresión, la verdad es que cuesta entender para qué tanto desarrollo científico, o tanta expansión económica. En el fondo, mientras no se avance en sensibilidad social y mientras no se sientan como propios los constantes oprobios y humillaciones que todavía sufren una buena parte de los habitantes del planeta, aún queda mucho por hacer.


En este contexto, frente a los ídolos caídos ha surgido la Ética como una posible solución. Si, es verdad. Pero en mi opinión, esa Ética de la que todos hablamos, exige que la nueva sociedad mundial que estamos alumbrando sea una sociedad a escala humana en la que prevalezcan la libertad, la igualdad y la solidaridad. Realmente es bien importante que los Poderes públicos sean más sensibles ante los derechos humanos y, por ello, que asuman una referencia ética en su actividad. Sin embargo, como nos recuerda Adela Cortina, los dirigentes públicos no son agentes de moralización en una sociedad pluralista como tampoco es el Estado el guardián de la Ética. Sin embargo, es necesario que políticos y funcionarios tengan, como regla, un comportamiento profesional y personal íntegro e irreprochable pues son los representantes de los ciudadanos en el primer supuesto y, en el segundo, los encargados de ejecutar la Ley.


Los cambios económicos se han acelerado, ha crecido la globalización de la economía y la interdependencia entre las naciones, la natalidad baja mucho en los llamados países desarrollados, la conciencia ambiental y ecológica, con todos sus problemas, todavía es una ilusión, y el avance tecnológico ha sido meteórico. Muy bien. Pero, ¿ha crecido la sensibilidad frente a la dignidad humana ?, ¿son las políticas públicas directrices de acción para promover el libre y solidario desarrollo de los seres humanos?, ¿es el espacio público ejemplo y espejo del ethos de los valores democráticos?

La dimensión ética ( y II)