Sensación de impunidad

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Si algún día se me diera la oportunidad de gobernar una comunidad autónoma, elegiría, sin duda, Cataluña. Tiene, es cierto, enormes deudas por todas partes. Si no le llega el dinero del aborrecido Madrid no paga ni al lucero del alba. Suprime camas hospitalarias, recorta sueldos y se ha convertido en la comunidad con mayor presión fiscal. Pero no pasa nada. Sus calles apenas conocen convocatorias masivas de protesta.

Y es que Cataluña goza de una especie de amplio consenso social básico donde todo lo que suene a propio es incuestionable, lo que facilita muchas cosas a la hora de gobernar. Los medios de comunicación social –públicos y privados- contribuyen de forma decisiva a ello.

En confirmación de lo dicho baste poner de relieve que en el gran periódico catalán de referencia al “caso Pallerols” sobre financiación irregular de la Unió Democrática de Catalunya (UDC), del señor Duran Lleida, ha transitado muy en segundo plano. En realidad, el jueves último, en pleno clamor del escándalo, el gran titular de primera página de dicho rotativo fue para….el cese del vicealcalde madrileño por lo del Madrid Arena. Y el principal análisis político del día llevaba el título… “El duro invierno de Madrid”. Como si en Cataluña no pasase nada.

Hasta la Justicia, la alta Justicia, se rinde a ese consenso generalizado de salvar lo propio. El citado “caso Pallerols” es el último y mejor botón de muestra. No le falta razón al fiscal general del Estado, señor Torres Dulce, cuando califica de “escandaloso” el que una instrucción pueda durar hasta trece años, como en el caso que nos ocupa. Pero digo yo y dicen otros que mucho más escandaloso resulta que desviaciones de cuantiosos fondos públicos se zanjen con pactos como el suscrito entre la Fiscalía de Barcelona y las defensas de los acusados.

Se trata de un pacto este en virtud del cual se rebajan las imputaciones iniciales, se esfuma el delito de malversación, nadie va a entrar en prisión, y todo va a quedar en la devolución de 388.000 euros (65 millones de pesetas). Y para colmo, tampoco va a haber la más mínima consecuencia política.

Por muy legal que todo haya sido y por mucho que asegure el fiscal general que no ha habido trato de favor, lo cierto es que de principio a fin el caso lo tiene todo para engrosar la mala imagen de la política y la sensación de impunidad que va cuajando entre la ciudadanía cuando del poder se trata. Y no creo que estén precisamente los tiempos para que así parezca.

Sensación de impunidad