Si el Reino Unido se va

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Tras anunciar David Cameron la convocatoria de un referéndum para decidir si el Reino Unido sigue o se va de la Unión Europea, todo son conjeturas dentro y fuera de una isla en la que la peculiar idiosincrasia de sus habitantes marca a fuego sus relaciones con el continente.
Fuera porque predomina la idea de que es un país pagado de egoísmo que siempre juega a la contra; un país cuyos gobernantes nunca han creído en la UE como el proyecto político más ambicioso en la segunda mitad del siglo XX. A ellos les basta con el registro económico. Por eso mantienen la libra, blindan la actividades de su City londinense frente a las regulaciones de Bruselas y rechazan formar parte de Schengen al tiempo que se quejan del monto de las aportaciones y la menor cuantía de los retornos. Estas y otras cuestiones dibujan el contorno antipático de las reclamaciones británicas, pero en ellas, hay que reconocer que anidan prejuicios y olvidos. Europa no debe olvidar que fue Londres y la tenacidad británica quienes plantaron cara a Hitler. Y pagaron un altísimo precio. 
Aún así, cuesta hacerse a la idea de que en la UE nos iría peor sin ellos. ¿Por qué? Porque en un debate así no es fácil sustraerse a los prejuicios. PLondres quiere limitar las prestaciones sociales a los migrantes de la UE durante los primeros cuatro años de residencia en el país, pero no le parece mal que los británicos afincados en España o Francia tengan acceso a ellas y sin limitaciones. Recelan de que “más Europa” sea bueno para sus intereses por eso han obtenido de Bruselas el compromiso de que el Reino Unido “jamás” será parte de una “unión más estrecha” con otros miembros de la UE. Son como son, vienen de donde vienen y no lo disimulan. Lo decía lord Palmerston: Inglaterra no tiene amigos ni enemigos permanentes, Inglaterra tiene intereses permanentes. En eso siguen.

Si el Reino Unido se va