Por derecho y en caliente

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En la controversia sobre la prisión permanente revisable, los defensores de la democracia directa tienen la ocasión de ser coherentes. Sánchez e Iglesias, tan amigos de usar más los conectores con la militancia que los conectores con los votantes, tal vez no quieran utilizar en caliente ese resorte asambleario. O tal vez, como partidarios de suprimir dicha figura, desconfíen de que el resultado les fuera favorable. Ni se les ha pasado por la cabeza consultar a las bases. Un método que si han usado los padres de Diana Quer, Sandra Palo y Mari Luz Cortes, tan alevosamente asesinadas como acaba de serlo Gabriel Cruz. Dos millones y medio de firmas, que pueden ser más si se lo proponen, se presentaron en el Congreso en vísperas del debate.
Quedaron rechazadas las enmiendas del PP y Ciudadanos contra la proposición del PNV que, apoyada por PSOE y Podemos, pretende suprimir la prisión permanente revisable. El debate fue tan bronco que hizo dudar de que sus señorías puedan ser capaces de mantener la calma entre las llamas para legislar con racionalidad y sintonía con el sentir mayoritario. Al rechazarse los textos alternativos, comienza la normal tramitación de la proposición del PNV con pretensiones derogatorias. Y eso quiere decir que el calentón del jueves se repetirá al menos diez veces, en el Congreso y en el Senado, si antes no se interrumpe la legislatura.
O sea, que hay debate para rato. Aún con el angustioso recuerdo del niño Gabriel, cuyo blanquísimo espectro sobrevoló el Congreso. También las discusiones en la calle, aunque sin la división de opiniones del hemiciclo. Es palpable la masiva corriente de respaldo a la prisión permanente revisable para los autores de crímenes tan horrendos. Lo cual no supone aparcar el principio constitucional de la reeducación del criminal. Tampoco quiere decir que se esté legislando bajo la impresión del último hecho luctuoso. No comparto la cautela expresada en ciertos sectores contra “la dañina tentación de legislar en caliente”. Más bien creo que se instrumentaliza con fines cortoplacistas que han sido formulados en caliente por los partidos políticos.
 

Por derecho y en caliente