SALVAR LA MÚSICA

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Ilan Rogoff, el intérprete israelí que participó como jurado en la última edición del concurso de piano Cidade de Ferrol, apuntaba que la cultura en general y la música en particular se castigaban en tiempos difíciles (como los que ahora nos ocupa vivir), ocasionándose pérdidas irreparables. Esto ocurrió en 1928, en las vísperas de la Gran Depresión, con los preparativos para una contienda bélica que alteró drásticamente un panorama musical prometedor con las programaciones de “Mirag” –la radio del Centro de Alemania–, retransmitiendo en directo conciertos de la Sinfónica de Leipzig (la orquesta de la radio) y óperas desde la Semperoper de Dresde, que se sustituyen por marchas militares para “ambientar” a la población.

En este contexto transcurre la vida de uno de los músicos ferrolanos más universales, José Arriola, que interpretaba sus obras en este momento y en este lugar, en el que además, paradójicamente, los medios técnicos de grabación revolucionaban el mundo radiofónico con su impronta de calidad dejando la huella de tantas inigualables interpretaciones musicales. ¿Se habrían conservado las grabaciones de nuestro célebre artista sin el devastador efecto de la guerra? ¿Lo habrán hecho como lo hicieron milagrosamente sus partituras, recuperadas por la acción del Club de Prensa y el Consello da Cultura Galega?

Sería esto sin duda una rareza fonográfica, como lo es la grabación de la Rapsodia mora de Humperdink evocando en tres movimientos –Tarifa, Tánger y Tetuam– el exotismo de Marruecos. Una grabación que sobrevivió en la devastadora Alemania de los años cuarenta.

Ojalá las experiencias vividas nos sirvieran para entender lo que se debe preservar y cuidar. Deshacer lo que celosamente se ha construido es muy fácil, volverlo a levantar una ardua tarea, seguramente evitable.

 

SALVAR LA MÚSICA