Y si no, ¡nos enfadamos!

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Sánchez llegó al gobierno como llegó y no me refiero a la moción de censura si no a la sopa de siglas que tuvo que juntar en forma de suma para obtener la investidura. Aquellos cien días de cortesía que se le daban en otro tiempo a los gobiernos para empezar la tarea de oposición han desaparecido quizá porque el propio gobierno es más una suerte de oposición a la oposición y, como si no llevaran más de un año al timón de la Moncloa, culpan a sus antecesores de todos los males obligando a estos a reaccionar como mecanismo de auto defensa. Pero claro, esa sopa de siglas a la que me refiero, genera cargas en la mochila de Sanchez y los que le cedieron sus votos para investirlo han empezado a pasar facturas con una prontitud exagerada. Podemos no quería, seguramente no podía, permitir que en suelo español fuera detenida la vicepresidenta venezolana y eso obligó a un papelón inexplicable al ministro Ábalos, que pasó de ser un hombre ponderado, a pesar de su pasado en las filas de las juventudes comunistas, a ser un activista podemita que, como el mismo reconoció, se comió un marrón disfrazado de servicio a España. El imaginario colectivo sabe que, en todo caso, fue un servicio al vicepresidente Iglesias y, en última instancia, al dictador Maduro. Apenas cuarenta y ocho horas después, Moncloa anuncia que su reunión con Torra exigida por Esquerra Republicana quedaba pospuesta hasta después de las elecciones que anunció el propio Torra y que cogió por sorpresa a los socios republicanos de Sánchez. Y no es extraño, porque ningún gobierno conocido de occidente, convoca elecciones después de aprobar unos presupuestos. Otro dislate de estos separatistas catalanes que están a lo suyo y no a lo que le importa a la gente. Pero claro, ese anuncio de Moncloa no gustó a los de Junqueras que, desde la cárcel, llamó a Rufián para que pusiera firme a Sánchez y rectificara de inmediato su anuncio de posponer el encuentro con Torra. Sánchez, sabedor de su debilidad parlamentaria se vio sometido al chantaje de los independentistas y, apenas unas horas después de su anuncio, ordenó sacar una nueva nota en la que decía :”donde dije digo, digo Diego” y de nuevo aceptó la reunión con el President que tendrá lugar en los próximos días, otro papelón de mayor envergadura que el de su ministro Ábalos porque demuestra su debilidad, refuerza a Esquerra y su enorme influencia en Moncloa y le obliga a sentarse, con cámaras incluidas, con un Torra inhabilitado y que solo quiere hablar, como el mismo anunció, de autodeterminación y amnistía. Difícil de explicar estos contenidos para un presidente que se quiera mantener en el constitucionalismo.

Y esto es solo el aperitivo porque el gobierno que nació hace apenas un mes nació lastrado por sus múltiples compromisos adquiridos con sus apoyos parlamentarios y de los que no podrá zafarse fácilmente. Podemos con sus vicepresidentes y ministros cobró parte de su factura, pero no toda como demuestra el caso de la vicepresidenta levitante de Maduro, Esquerra se cobró unas monedas con la rectificación de Moncloa, pero solo es un pago adelantado, faltan por llegar las facturas de PNV, Bildu, Teruel existe, Bloque Gallego, etc. etc. Y no son pagos menores, si García Page, insigne socialista, tiene razón y se mercadea con el código penal para pagar estas deudas, estamos rozando el estado de derecho fallido y a eso apunta el nombramiento de la fiscala general del estado. No sé cuánto aguantará esta situación, pero el mensaje es claro: Sánchez, obedeces o ¡nos enfadamos!

Y si no, ¡nos enfadamos!