Encuentros en la tercera mente

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Hace unos días nuestro presidente del Gobierno (me refiero al de España), fue recibido por el Papa Francisco en el Vaticano y mi impresión es que el encuentro no debió de ir muy bien. Baste ver las caras del Papa y del matrimonio Sánchez en las fotografías oficiales. La del Papa parecía la que puso dando un manotazo a una mujer asiática cuando ésta le quiso coger la mano en aquel paseo que quiso ser baño de multitud; y la de los Sánchez mucha alegría, gozo o satisfacción tampoco demostraba. A estos les quedó en la foto la misma cara que tendríamos a la salida de una atracción de feria que nada nos agradó. A saber que se dijeron, si es que algo lógico hablaron ya que ambos tienen en común la capacidad de decir una cosa y la contraria sin inmutarse ni acordarse de lo dicho. El bipolarismo los une. Pero la diplomacia maquilla y es capaz de todo.

Entrando en la hipótesis de lo que han hablado, y no se dice en los comunicados, intuyo que el encuentro ha sido políticamente educado y triste a la vez, porque en el fondo hay demasiadas brechas entre la Iglesia Católica Española (si aún existe) y el Gobierno Patrio, y tales divergencias tienen difícil acercamiento. Ambos tienen grandes discrepancias en cuestiones morales tan importantes y claves como el aborto, la eutanasia, la formación y colegios religiosos; y en cuestiones económicas, y no menos importantes, como el porcentaje del IRPF, los bienes inmatriculados de la Iglesia, los Ibis y demás asuntos fiscales que están generando un ambiente tenso entre Conferencia Episcopal y Gobierno. Y digo tal hipótesis porque el Sr. Sánchez iba como Presidente del Gobierno, no como creyente; aunque acompañado de su esposa. 

Con todo, y aún sin saber por qué el cardenal Rouco visitó al Papa una semana antes que el cardenal Omella (¿preparaban algo?), me pregunto qué hace la Conferencia Episcopal, además de mirar de donde viene el viento. ¿Realmente a los Obispos les importa lo que ocurre? Mas bien parece que poco, y cerca tenemos una muestra. Callan y ocurre que cuando callamos es porque tenemos miedo o algo que ocultar. O ambas cosas.

Encuentros en la tercera mente