Otra leyenda negra

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Fue en el pasado mes de abril que escribí un artículo, en este mismo periódico, cuyo título “De España y su leyenda negra” advierte fácilmente sobre su probable contenido. Y me parece de oportunidad, y hasta de importancia, citarlo ahora a modo de pretexto, porque tratándose del artículo más crecientemente visitado en mi cuenta de “Twitter”, y sobre el que recogí elogios y parabienes tan ecuánimes que disgustan un poco a mi interés discrepante, es ahora que el hispanista Stanley G. Payne, para mí una referencia imprescindible en la historiografía ecuánime de nuestro siglo XX, acaba de publicar un volumen, acaso fundamental, cuyo título me emociona con gratitud, “En defensa de España”, algo más de trescientas páginas para desmontar con argumentos, desde la distancia crítica, la peor leyenda negra vertida hacia España, tantas y tantas veces con la complicidad ingenua o vil de los propios españoles, de algunos, claro, de bastantes.
Estoy del todo convencido que también hay un muy significativo anhelo de verdad, de que España encuentre, al fin, espíritus valientes y honrados, estudiosos y críticos, hechos a mejor y más recta intención de los que, hace bien poco, denunciaba Fernando Savater, tan certero como desenvuelto, y desde luego exacto. Hablaba de esa tanta cobardía que sobra a los intelectuales en España. Y es muy cierto, la gran mayoría son adocenados de sí mismos y del “señorito” al que sirven, léase cadena de televisión, periódico, editorial, ideología… Ya saben, el momio de la nómina a reventar. 
Hace unos días explicaba yo con carácter público, y también privado, mi convicción de que la muerte inesperada, en Lisboa, de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, en las fechas previas a la salida hacia Inglaterra de la Gran Armada, la llamada Invencible, de cuyo mando iba a ocuparse precisamente él, invicto y temido almirante en toda la mar océana, resultó episodio rigurosamente decisivo para que la expedición naval española fracasara. 
Estoy yo desde hace bastantes años en la conclusión cabal y reflexiva, contrastada además en conversación con personas de alguna erudición al caso, entre ellos un eminente profesor de la Universidad de Coimbra, respecto a que esto sería así, o sea, la Armada Española bajo el mando de Álvaro de Bazán habría tomado con seguridad Inglaterra, y el propio Almirantazgo inglés de la época lo consideraba como una muy seria posibilidad documentalmente acreditada. También la recreación en la ucronía, si se establece sobre datos verosímiles, suele aportar aspectos orientativos muy eficaces sobre las razones en que pueda haberse fundamentado la realidad histórica formal y sus secuelas. Dejó dicho Conan Doyle que “cuando la verdad importuna, no le interesa a nadie”. Vamos, la leyenda negra, por ejemplo, desmontar su mentira y proclamarlo “urbi et orbi”, claro, cómo no, mal negocio para la hipocresía convencional de la corrección política y sus corifeos. A ver qué le dicen a Stanley G. Payne los del momio, los muy cobardes… 

Otra leyenda negra