SEÑOR, QUé BOCHORNO

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Es un pueblo con mar. El acusado quería un huevo al tío que le hizo regalos. Este “se había pasado” varios pueblos con los regalos para la mujer y la hija.

La mujer había pagado los trajes de su amante marido… y también los pagó el chofer… y más tarde, el acusado confesó que no había pagado nada y, después, dijo nones confiando su futuro al grupo de sus “amiguitos del alma” y dejando en pelotas (con perdón por el eufemismo, pues trajes, pantalones, chaquetas y zapatos si los hubo) a otros compañeros de peña.

Diga lo que diga la señora de la venda en los ojos y cien vecinos puestos en fila, ese señor es un bochorno para la ciudadanía

 

Las cintas escuchadas en la sala pondrían colorado a Al Capone y, finalmente la decisión popular –como había hecho en las urnas– votó por el acusado. No culpable, que no inocente, sentenció.

¡Vosotros sí que sois inocentes! Y es que el “curita” mintió (pues ni pagó los trajes su mujer, ni el chófer, ni él) y diga lo que diga la señora de la venda en los ojos y cien vecinos puestos en fila, ese señor es un bochorno para la ciudadanía, en general, y para las buenas gentes que habitan el reino de las flores y el amor.

Algo huele mal, muy mal, entre los naranjos en flor. Y lo sabemos todos menos los que dijeron lo contrario…. y ya sabemos, una vez más, cómo funciona aquí la justicia y, según los planes del nuevo ministro cómo va a funcionar en el futuro.

Y si le dan un poco de tiempo volveremos a la época idílica de Jaime Mayor Oreja.

Por si esto fuera poco, y es que, demonios, nadie puede creerse el texto de la sentencia que pone blanco sobre negro lo que todo el mundo ve por tierra (desde las carreras de coches hasta los bolsos de Vouitton), por mar (los excesos que arruinaron al país de las flores), o por el aire como ese aeropuerto para pasear, con su “hacedor” ante los tribunales (¡socorro!).

Cambiamos de lugar, pero seguimos entre “puñetas”: por vez primera en la historia juzgan a un magistrado que levantó el caso de mayor corrupción padecida en España y que, tras encausar a Pinochet, luchar contra el terrorismo y la corrupción, se atrevió con los crímenes del franquismo… Lo que, en palabras de Manuel Rivas, demuestra “un estado de penumbra legal y moral donde el juzgado es el justo, el capitán que nunca abandonó el barco”.

¿Resistiremos?

SEÑOR, QUé BOCHORNO