Esencia, conciencia y vanidad

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ensamiento... movimiento del mar de la humanidad lejos de tormentas y acantilados, allí donde se remansa el furor de la terrible evidencia de lo que somos y seremos.
Nada malo hay en pensar, tampoco en hablar, pero no hemos de desdeñar el reflexivo silencio del que exige respeto a su dignidad y el decoro de tal exigencia en favor de elementos esenciales de la convivencia, pieza clave en la persistencia de toda sociedad. No todo está dicho, tampoco hecho, pero cuando lo dicho y lo hecho ha decantado algo valioso por su serenidad y perfección a la hora de aunarnos en lo fraternal, vale la pena conservarlo el tiempo suficiente para que sea el lógico discurrir de los acontecimientos quien vaya enriqueciéndolo y dotándolo de esa flexibilidad de la que siempre ha hecho gala. 
La solidaridad nos ha servido bien, también el respeto por los derechos del hombre, y siendo así, porqué han de ser puestos en tela de juicio para conformar a quienes los zahieren en atención a un principio de supremacía basado en la pureza de la raza, sin atisbo de respeto a la genérica esencia y conciencia de la humanidad.
Disponemos pensamiento y mesa en favor de aquellos que lo obnubilan y devoran, mientras descansan su pesada testuz sobre la delicada urdimbre de la sana avenencia.
Pensamiento… movimiento del mar de lo humano… allí donde se remansa fiero el egoísmo y el odio. 
No pensemos para no pensar, no queramos ser más listos que su vanidad.

Esencia, conciencia y vanidad