El resplandor

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Cada uno tiene sus fantasmas, Jack Nicolson en “el resplandor” se volvió loco y eso que no estaba solo, le habían acompañado su mujer y su hijo a aquel lugar tan frio y apartado, donde tenían que cuidar de un hotel cerrado por temporada o algo parecido. Desde luego la causa de cierre del establecimiento era mayor, pues había caído un temporal de nieve que lo dejó prácticamente aislado. Para el protagonista de la película la situación se fue complicando por momentos, hasta convertirse en un ser violento y peligroso. Solo hay que verle hacha en mano andando por los pasillos y rompiendo puertas; aunque por lo general la gente considera más dramática la escena del niño corriendo en triciclo por aquellos mismos pasillos y totalmente ajeno al peligro. En fin, de las mejores películas de terror psicológico que uno haya visto, con todas sus limitaciones y trucos cinematográficos 
Stanley Kubrick, el director del filme, con bastante acierto le dio ese título: “el resplandor”; probablemente para resaltar más la parte psicológica del miedo, que las situaciones o hechos que lo provocan. Desde luego, la película desde el punto de vista comercial fue un éxito y es uno de esos títulos que no se olvidan fácilmente. Es verdad que Nicolson se lleva gran parte del mérito, pues se trata de un gran actor que borda el personaje. Sin embargo, como casi siempre, la realidad puede superar a la ficción: andan sueltos por el mundo algunos locos, cuya existencia en los márgenes de la civilización no deja de levantar temores. Uno de los más peligrosos es el líder norcoreano  Kim Jong-un, gobernante dinástico de un supuesto paraíso comunista, en estado residual y aislado del mundo, salvo por cierto patronazgo de un partido comunista chino, que curiosamente ha dejado la revolución cultural y el paraíso comunista para mejor ocasión.
No sé si el tal Kin andará cortando cabezas con un hacha por las dependencias de sus palacios y mansiones coreanas, no me extrañaría nada y parece que, con hacha o sin ella, más de una ya ha caído. Pero el problema radica en que el sátrapa, guardián de las esencias comunistas en aquel rincón del mundo, dejado de la mano de Dios, como suele decirse, no se conforma con sacar el hacha en su cortijo. Ahora amenaza con lanzarla en forma de misil nuclear contra cualquier lugar del mundo. Ya veremos como acaba todo esto, pues este tipo de locos no se para en mientes y antes o después acaba derribando alguna puerta a hachazo, como en la película de Kubrick. Esperemos que todo quede en una amenaza sin mayores consecuencias, salvo para el final de tanta locura y tanta tiranía. Por lo menos en este caso concreto, pues nunca faltarán por desgracia locos armados y peligrosos.

El resplandor