Atentos a la tele

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Espero que les llegue a tiempo el mensaje: atentos a las declaraciones del señor Rajoy explicando cómo estamos, cómo queda él –con la que está cayendo– y cómo deja al PP, una de las empresas  más rica del mundo con unos ejecutivos que “paleaban” el dinero que rebosaba en los sobres y las cajas, A y B, que allí manejaban.
Atentos, pues, a la tele. Fíjense, en principio, si “da bien” –telegenia, ya saben– el traje, la corbata y las gafas pues, según confesión de Bárcenas, le pagaban todo el vestuario –atrezo–, pues el suyo no le iba bien. Repasen cómo lleva la raya y si sigue el pelo de negro zaíno que era, según los consejeros áulicos de don Mariano, el color más favorecedor para presidentes de gobierno.
Fíjense en los bolsillos del terno y si son amplios y a medida de los billetes,  con  sus sobres, del tamaño que cuentan las pesquisas policiales. Y es que Bárcenas dijo que, por orden de Arenas, en una ocasión le entregó a Mariano 4.900 euros que “sobraban” y que, naturalmente, no se firmaban recibos ni se hacían retenciones para Hacienda.
En esa misma deposición ante el juez Luis C. contó que Rajoy tenía, al lado del diario “Marca”, una máquina “come-papeles” que destruye los documentos dejándolos como serpentinas.
Atentos, pues, a la tele. Y una vez comprobado todo el “continente”, vamos con el contenido, teniendo en cuenta la autorizada opinión de Antonio Elorza, agudo comentarista político, quien dejó escrito que “el silencio de Rajoy es indicio de culpabilidad personal y desprestigia al PP ”.
Piense, amigo lector, que el presidente llega a la “tele” arrastrado por la opinión pública, la oposición y, como bien apuntó Ezequiel en este mismo diario, “por la presión de los medios de comunicación”, y es que, el mutismo nos haría cómplices de esta situación.
Y, conociendo el contenido de las investigaciones policiales y de las declaraciones en sede judicial, a la ciudadanía la apelación de los mandatarios del Gobierno y del PP al silencio para salvaguardar al Estado, la llamada marca España, le parece un pretexto que no mitiga la indignación popular que espera la verdad, pura y dura. Aclaraciones y si no llegan, depuraciones. Una comparecencia presidencial tardía no menguará la desafección ciudadana que pide a gritos la regeneración democrática. Atentos, pues, a la tele.

Atentos a la tele