El pecado de la incoherencia

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Sentido común exige Rajoy. Invectiva directa a la médula de los socialistas. Responsabilidad política. Pero la de todos. Seriedad, coherencia y credibilidad. Algo que sucumbe ante la mediocridad política imperante, y cada vez más decadente. Se lo toman todo a juego, diríamos que a chiste quejumbroso. Estirando tiempos y lanzando balones fuera. Retóricas vacuas, pero que buscan el titular de periódico. Aquí se gobierna demasiado para los titulares y poco para las personas. Poco importa la arena electoral así como la territorial. Es algo ibérico. Ruedo cansino. Y donde la palabra vale poco. El programa menos y los intereses personales priman sobre los de partido y más sobre los del estado y en suma, de todos los ciudadanos.
Arrancan una negociaciones de cara a una investidura de momento en el aire. Por si acaso, toda la presión hacia los socialistas, como si estos tuvieran la obligación de abstenerse o apoyar a un gobierno. Por mucho veredicto que interpreten cada partido sobre las urnas, pero el único inapelable es el que, por ahora, se acabaron las mayorías absolutas y hay que trabajar el pacto, el consenso, buscarlo, fomentarlo, sedimentarlo y firmarlo. Y en esto, estamos mal acostumbrados, y el sentido común ha escaseado demasiado. Se rieron del pacto socialistas ciudadanos y tampoco facilitaron abstención alguna, ¿es eso sentido común? Seamos serios y cada cual que aguante su vela. Al final se verá qué se premia y qué se castiga, pues se supone, y es mucho suponer, que el ciudadano es sabio. Pero si algo no perdona el elector, que irracional o automáticamente suele votar lo mismo liza tras liza electoral, es la incoherencia. El péndulo. Y en esto, Rivera y los suyos han brujuleado bastante. Las ansias de protagonizar el entreacto les lleva a decir una cosa y la contraria. A marcar líneas rojas y desdecirse y a buscar justificaciones siempre mayúsculas, a saber, el país, el interés general, España, la crisis, la responsabilidad, la regeneración y todo lo que haga falta.
Se equivocan y acabarán pagándolo en las urnas, porque quiénes querían medidas enérgicas y de bisturí se tendrán que confirmar con maquillajes y quiénes pensaban que harían cambiar comportamientos y actitudes a socialistas y populares, han visto que las líneas son más débiles que cualquier Maginot bélico imaginable. Los halcones saben más que las palomas, pero sobre todo que los pichones. Quiénes buscaron el correctivo al peor de los partidos populares, no todo, pero sí el manchado por la corrupción y la impotencia para corregirla, volverán a él. Mejor el original que el sucedáneo. Y quiénes han visto que pactar con socialistas es fácil, preferirán ésta opción o la podemita. En el pecado está la penitencia. Juraron una y otra vez que nunca apoyarían a Rajoy, se desdijeron y negaron la mayor. Juraron acabar con las diputaciones, y ya no se discute de este órgano al que todos temen meter tijera y bisturí, o al menos drenaje. Y es que son muchos los cargos y prebostes que necesitan los dos grandes partidos colocar. Pero tampoco creamos que todo se arregla con suprimir, fusionar entes, municipios y diputaciones, Francia lo hizo con miles de comunas y el resultado fue más caótico. Bienvenidos a la realidad política, la de los múltiples intereses y la de las bambalinas y marionetas que los intereses económicos mueven y las inercias de poder retienen. Bienvenido a la pubertad acelerada, Ciudadanos, pero el coste de aprendizaje lleva su penitencia. Y si hay que ir en diciembre a nuevas elecciones, que no será culpa de los socialistas y sí a prorrota de todos un poco por su incapacidad de pactar, el castigo será severo también para Rivera.

El pecado de la incoherencia