Reyes Magos por encima de nuestras posibilidades

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Si tiene suerte, seguramente en estos momentos en su salón, debajo del árbol o sobre unos zapatos, haya un montón de paquetes de colores esperando que alguien empiece a rasgar papeles. Este es el día de los regalos, de las corbatas y las colonias, de los pijamas y las zapatillas “que siempre vienen bien” y de ensayar esa cara de “qué bonito” que merecería un Oscar de la Academia cuando muchas veces piensas “cómo han podido dejarme esta porquería”. 
En realidad, los que más disfrutan de la fiesta son los niños y los que todavía no han dejado de serlo. Presuntamente, para ellos es la cabalgata, las pelis de dibujos y, por supuesto, los regalos. El problema es que hemos empezado a dejar que los Reyes Magos les traigan juguetes por encima de sus posibilidades. Los expertos dicen que no deberían abrir, como mucho, más de cuatro pero la verdad es que sus majestades aprovechan la visita a los abuelos paternos y maternos, a los tíos, a los padrinos y al vecino del quinto para echarles algo. Según los fabricantes de juguetes, la media es de diez paquetes, con lo que los chavales se vuelven completamente locos y los padres tienen que pensar en mudarse de casa para que puedan entrar la familia y los regalos. 
Los psicólogos recomiendan algo tan sencillo en lo que apenas reparamos los mayores: respetar lo que han pedido y no saturarlos. Por varias razones: una porque, con menos de tres o cuatro años ni siquiera se enteran demasiado de qué va la fiesta. Otra es que la ilusión no es por lo que traigan sino por la magia y el misterio de que los Reyes Magos hayan pasado esa noche por su casa. Y, por último, un motivo tan sensato como que no se trata de la cantidad de regalos que se encuentran sino la calidad. 
De lo contrario, corremos el riesgo de que, abrumados por un montón de juguetes, no le den el valor que realmente merecen y se acostumbren a tener absolutamente todo. Como, por desgracia, cuando se hagan mayores se darán cuenta de que eso no siempre es posible, si seguimos poniéndoles más cosas de las que pueden digerir tendremos, por el mismo precio, niños malcriados y adultos frustrados. No es posible compensar el tiempo que no pasamos jugando con ellos inviertiendo números de tres cifras en el último modelo de maquinita de videojuegos. Por mucho que el nombre lleve a engaño, la Playstation no consola . 

Reyes Magos por encima de nuestras posibilidades