La tormenta de Bildu

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Continúan notándose los tormentosos efectos de la entrada de Bildu en el bloque de apoyo a los Presupuestos Generales del Estado para 2021. Moncloa se defiende como puede. Entiende que sin la incorporación de ERC y Bildu, cocinada por el vicepresidente Iglesias Turrión, el Gobierno no podrá disponer de un marco presupuestario como imprescindible herramienta para el ejercicio del poder en nombre del progreso, la modernización de la economía y protección de los más débiles.

Pero eso no es verdad. Pudo haber optado por el eje Cs-PNV-PdeCat y el apoyo suplementario de pequeños partidos de base parlamentaria. La mayoría no hubiera sido tan holgada, aunque hubiera exigido una labor persuasiva de la parte socialista del Gobierno sobre el socio preferente, Podemos. La tentación de romper la baraja habría sido más que improbable en el partido de Iglesias Turrión. Y Sánchez se hubiera ahorrado el reproche ético de quienes, dentro y fuera del PSOE, no entienden que unos Presupuestos “de país” puedan recostarse sobre las intenciones de quienes reniegan del país.

En vez de hacer valer la posición dominante del PSOE en la coalición de gobierno (123 diputados frente a 35, no hay color), Sánchez ha permitido que Iglesias se crezca como muñidor de los PGE21 y que en los ambientes políticos y mediáticos se instale como pregunta tópica quién de los dos es realmente el que manda en Moncloa.

No parece que tenga vuelta atrás la ecuación presupuestaria (PSOE- UP-ERC-PNV-Bildu), públicamente defendida con ardor por la vicepresidenta Calvo y el ministro Ávalos. Con argumentos de dudosa lógica. Por ejemplo, defender unos PGE de izquierda y al tiempo reclamar el apoyo de la derecha. Hasta el punto de considerar “irresponsable” el intento de tumbarlos en origen (enmienda de devolución). Equivale a considerar irresponsable la posición socialista que, con los papeles cambiados, también presentó una enmienda a la totalidad de los PGE 18, cuando también los Presupuestos eran palanca imprescindible para evitar la inestabilidad y favorecer la gobernanza.

El colmo es afear la postura del PP, principal partido de la oposición, poniéndole a Bildu como ejemplo de responsabilidad. Manda huevos, que diría Trillo. Así es como ha vuelto a hablarse del pecado original de esa formación. Un pecado no redimido desde el momento en que los herederos políticos de Eta nunca han renegado de quienes asesinaron en nombre de la patria vasca. Esa es la ralea que se ha instalado en la “dirección del Estado” y en el corazón político del PSOE. Lo cual ha provocado el grito de Lamban y otros barones socialistas con memoria de lo ocurrido durante esa negra etapa de nuestra reciente historia.

La tormenta de Bildu